En un rincón del Parque Natural de Ses Salines, en Ibiza, una práctica clandestina y emotiva desafía las normativas de sanidad y medio ambiente. Sa Caleta, a pocos minutos del bullicio de la playa, se ha convertido en un improvisado cementerio para mascotas. Aquí, entre la serenidad del paisaje y el susurro del mar, descansan más de un centenar de queridos compañeros de cuatro patas. Las tumbas, adornadas con piedras pintadas, fotos y conmovedoras dedicatorias, narran historias de amor y pérdida, a pesar de contravenir la legislación vigente.
En España, los cadáveres de animales de compañía son considerados SANDACH (subproductos animales no destinados al consumo humano), lo que limita su disposición a la incineración en plantas autorizadas o al entierro en cementerios de mascotas regulados. Sin embargo, la falta de un crematorio en Ibiza ha llevado a los dueños de mascotas a buscar alternativas, resultando en la proliferación de sepulturas no autorizadas en espacios como Sa Caleta.
La carencia de infraestructura para la cremación en Ibiza provoca que los cuerpos de las mascotas deban ser congelados y trasladados a Mallorca, un procedimiento costoso e incómodo que muchos eligen evitar. Frente a esta situación, organizaciones animalistas, como PACMA, han alzado la voz, instando a las autoridades a crear un crematorio en Ibiza. Olivier Hassler, coordinador insular de PACMA, ha enfatizado que los animales no deben ser tratados como residuos y ha criticado la transparencia de las cremaciones colectivas actuales.
El tema ha ganado atención en el ámbito político local. Aunque el proyecto de un crematorio insular fue parte del acuerdo de gobierno en 2019 entre PP y Ciudadanos, aún no se ha concretado. Más recientemente, Unidas Podemos ha intentado reavivar el debate, proponiendo en mayo de 2026 una moción para acelerar la creación del crematorio y aliviar los costos veterinarios para las familias.
El Ayuntamiento de Sant Josep, por su parte, ha recordado que el entierro de animales en terrenos públicos o privados no autorizados está prohibido, especialmente en áreas protegidas. Las sanciones por violar estas leyes pueden ser severas, superando los 60.000 euros en casos graves. Además, el consistorio ha enfatizado la existencia de servicios específicos a través de clínicas veterinarias y ha señalado que los nuevos seguros obligatorios contemplan la cobertura de estos trámites.
La lucha entre la necesidad emocional de despedir a un ser querido y el cumplimiento de la normativa es un reflejo de las tensiones en una sociedad que cada vez reconoce más a los animales como seres sintientes. Mientras las autoridades buscan soluciones, las tumbas en Sa Caleta continúan siendo un testimonio silencioso de amor y desafío, esperando una resolución que honre tanto el afecto por las mascotas como la protección del entorno.



