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Vehículos eléctricos transforman los servicios fúnebres en La Habana

Vehículos eléctricos transforman los servicios fúnebres en La Habana

En La Habana, una iniciativa pionera ha comenzado a cambiar la cara de los servicios funerarios. Desde que el gobierno cubano introdujo 15 vehículos fúnebres eléctricos a finales de 2025, las dinámicas del transporte funerario han dado un giro significativo. Estos vehículos, de la marca Foton y gestionados por la mipyme estatal ServiAxess, han recorrido más de 104,000 kilómetros hasta abril de 2026, participando en miles de sepelios y generando un ahorro considerable de combustible.

Cubadebate, el medio oficialista, recientemente publicó un informe que mezcla el entusiasmo oficial con datos concretos sobre esta transformación. Sin embargo, la realidad es que los desafíos estructurales persisten, especialmente fuera de la capital.

La implementación de estos vehículos ha permitido separar las funciones del transporte funerario, dedicando la flota exclusivamente a los sepelios, lo que ha mejorado notablemente la puntualidad en los servicios. María Esther Adán, coordinadora de una funeraria local, destaca la mejora con una sencilla imagen: «Muchas veces el carro está aquí hasta media hora antes de salir para el entierro».

No obstante, el contexto energético de Cuba, con apagones prolongados y una disponibilidad eléctrica limitada, pone de relieve las limitaciones de esta medida. Aunque los vehículos se recargan principalmente con energía solar, la viabilidad de este modelo fuera de La Habana es incierta. En otras ciudades, las crisis funerarias siguen siendo agudas, con escasez de vehículos y combustible, lo que obliga a las familias a buscar soluciones improvisadas.

Desde el principio, ciudadanos en redes sociales han cuestionado el modelo de gestión de estos vehículos, viéndolo como una «privatización encubierta» que beneficia a los cercanos al poder. A pesar de estos cuestionamientos, el servicio, financiado por el Estado, es gratuito para la población en la capital.

A medida que La Habana se beneficia de esta innovación, el resto del país continúa enfrentando una crisis que requiere soluciones más amplias y sostenibles. La ampliación de este modelo a otras regiones es vista como un paso necesario, pero la implementación enfrenta desafíos logísticos y financieros significativos.

En resumen, la incorporación de vehículos eléctricos a los servicios funerarios de La Habana es un avance hacia un sistema más eficiente y sostenible, pero no es una panacea. La verdadera prueba será si este modelo puede expandirse y adaptarse a las realidades complejas del resto de Cuba, brindando soluciones equitativas a una crisis que afecta a todos por igual.

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