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El primer tanatorio de Murcia resurge del olvido

El primer tanatorio de Murcia resurge del olvido

A diario, miles de murcianos pasan apresurados frente a la majestuosa Catedral de Murcia, ajenos al enigma que las viejas piedras ocultan. Entre la majestuosidad de la Puerta de los Apóstoles, un pequeño acceso pasa desapercibido, pero guarda una historia fascinante: la Casica de las Ánimas, el primer tanatorio de la ciudad, ahora casi borrado por el tiempo.

En 1775, el Cabildo Catedralicio cedió este recoveco a la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio. La devoción a las Ánimas impregnaba tanto a la Murcia del siglo XVIII que surgieron catorce cofradías bajo esta advocación, repartidas entre parroquias y conventos. Sin embargo, la creciente preocupación por la higiene llevó a las autoridades a prohibir la celebración de exequias dentro de las iglesias, lo que originó las primeras ‘casicas’, espacios separados para velar a los difuntos.

En la Casica de las Ánimas, los cuerpos eran llevados por las Cofradías, mientras los familiares participaban en los oficios religiosos dentro del templo. Tras los rezos, el sacerdote salía a dar la absolución final frente al féretro. Esta costumbre perduró hasta bien entrado el siglo XIX, cuando la Puerta de los Apóstoles fue conocida como la Puerta de las Ánimas.

El cronista Amador de los Ríos documentó este lugar en 1889, describiéndolo como un depósito improvisado para los habitantes de la huerta. La tradición estaba tan arraigada que llevó a rebautizar la puerta en honor a las Ánimas. En otros rincones de Murcia, como la iglesia de San Lorenzo, también existieron espacios similares, algunos de los cuales fueron víctimas del tiempo o de incidentes, como un incendio del que el cronista Martínez Tornel dejó constancia.

Hoy, la Casica de las Ánimas en el Monasterio de Santa Clara la Real, en el paseo de Alfonso X, sirve como portería para las religiosas, custodiando un valioso lienzo barroco que retrata a la muerte como un esqueleto. Aunque las cofradías conventuales desaparecieron por orden episcopal en 1886, la devoción a las Ánimas persiste, visible en un cuadro en la parroquia de San Bartolomé.

Recientemente, se han iniciado trabajos de restauración para preservar esta joya histórica, un esfuerzo por mantener viva la memoria de la ciudad y honrar el legado de las Ánimas Benditas.

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