En Alcolea de Cinca, un pequeño pueblo que hasta ahora había sido un remanso de tranquilidad, los vecinos han despertado a una realidad inquietante: el vandalismo ha llegado a su cementerio. Durante el mes de mayo, una serie de robos ha dejado a la comunidad conmocionada, con ladrones que han arrancado ornamentos de bronce y otros metales de los nichos, dejando tras de sí un rastro de destrucción en casi dos decenas de tumbas.
Los vecinos descubrieron los robos cuando acudieron a visitar a sus seres queridos. Con asombro y tristeza, se encontraron con que los pomos, decoraciones y otros elementos habían desaparecido, y que algunos nichos presentaban daños visibles. La alcaldesa, Begoña Nasarre, expresó la inquietud de la comunidad al señalar que la «vulneración de lo sagrado» nunca se había sentido de manera tan palpable en este pueblo.
El cementerio de Santa Ana, conocido por su pequeña capilla del siglo XVIII, no había sido objeto de actos vandálicos hasta ahora. Sin medidas de seguridad específicas y siempre abierto al público, el cementerio se ha convertido en un objetivo fácil para los ladrones. Las imágenes de cámaras cercanas han sido puestas a disposición de la Guardia Civil, que investiga estos actos con la esperanza de dar con los responsables.
La denuncia conjunta presentada por las quince familias afectadas, junto con el ayuntamiento, busca justicia más allá de lo material. Según Nasarre, el valor de estos robos va más allá de lo económico, tocando un aspecto profundamente simbólico para los afectados. A la espera de que más familias se sumen a la denuncia, la comunidad se enfrenta al desafío de proteger un espacio tan significativo.
Este incidente trae a la memoria los sucesos del año anterior en el cementerio de Torrero en Zaragoza, donde un acto similar afectó a 200 tumbas. En aquella ocasión, las investigaciones permitieron la recuperación de más de 500 objetos robados, destacando la importancia de la acción rápida y coordinada entre las autoridades y la comunidad.
En Alcolea de Cinca, el dolor es palpable. La comunidad se une no solo para buscar justicia, sino para preservar la memoria y el respeto hacia aquellos que ya no están. La esperanza reside en que estos actos vandálicos no queden impunes y que la comunidad pueda encontrar la paz y el respeto que merecen sus seres queridos.



