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Zaragoza enfrenta el desafío del rito funerario musulmán para repatriados

Zaragoza enfrenta el desafío del rito funerario musulmán para repatriados

En Zaragoza, el rito funerario musulmán se encuentra con un obstáculo inesperado: la falta de un espacio adecuado para preparar a los difuntos que serán repatriados a sus países de origen. Las funerarias locales, que tradicionalmente han gestionado estos traslados con rapidez, ahora enfrentan la necesidad de trasladar cuerpos a lugares tan lejanos como Ejea de los Caballeros o incluso fuera de Aragón para cumplir con el ritual de lavado y preparación, indispensable en la tradición islámica.

Desde 2013, el complejo funerario de Torrero ha sido el lugar designado para los entierros musulmanes en Zaragoza. Sin embargo, no permite la preparación de cuerpos que van a ser repatriados, una restricción que también se aplica al tanatorio municipal tras un cambio de gestión. Esta situación provoca un retraso crítico en los embalsamamientos, un proceso en el que el tiempo es esencial.

Abdelkader Aarab, responsable de la funeraria Alkarama, alza la voz en busca de una solución. Propone la modificación del acuerdo de gestión del cementerio musulmán, un pacto originalmente firmado entre la Comunidad Islámica de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza. Esta modificación permitiría el uso del pequeño edificio funerario por parte de todas las empresas fúnebres que carecen de instalaciones propias.

La funeraria La Palomica, especializada en la repatriación a países como Argelia, Marruecos, Túnez y Pakistán, se encuentra entre las más afectadas. Con acuerdos establecidos con las embajadas, normalmente logran que los cuerpos lleguen a sus países de origen en menos de una semana. Sin embargo, la nueva normativa ya ha complicado una decena de repatriaciones este año.

La comunidad musulmana de Zaragoza también enfrenta desafíos internos. Abdel Habid, portavoz de la comunidad islámica del Actur, señala que las familias con recursos limitados deben depender de donaciones para cubrir los costos de repatriación, encarecidos por la necesidad de realizar los ritos fuera de la ciudad. Además, la comunidad busca la autorización para el enterramiento directo en la tierra, como se permite en Andalucía, Ceuta y Melilla, argumentando que el impedimento no debería basarse en razones sanitarias.

Fawaz Nahhas, representante de la Comunidad Islámica de Aragón, se une al llamado para actualizar el convenio con el Ayuntamiento, permitiendo un uso más amplio de las instalaciones del cementerio. La creciente demanda de enterramientos en Zaragoza, impulsada por las familias de inmigrantes que desean mantener a sus seres queridos cerca, añade urgencia al asunto.

La situación refleja un choque entre la tradición y la burocracia, donde encontrar un equilibrio es esencial para respetar las prácticas culturales y religiosas de la comunidad musulmana en Zaragoza mientras se garantiza una gestión eficiente y sensible de los recursos funerarios de la ciudad.

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