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El misterio de las caras en el cementerio de Valencia intriga a Rafael Solaz

El Misterio de las Caras en el Cementerio de València Intriga a Rafael Solaz

En el tranquilo pero enigmático Cementerio Municipal de Valencia, un nuevo misterio ha capturado la atención de Rafael Solaz, el bibliófilo y erudito que desde 2008 organiza las populares rutas del «Museo del Silencio». Estas visitas no solo sirven para difundir la memoria histórica del camposanto, sino que también son una oportunidad para explorar historias llenas de misterio y curiosidades. En esta ocasión, el hallazgo que inquieta a Solaz se centra en el nicho 761, donde han aparecido unas misteriosas manchas que parecen formar dos caras.

Fue durante una de sus rutas mensuales cuando Primi Martínez, una participante, señaló algo inusual en un nicho del siglo XIX. Intrigado por la insistencia, Solaz decidió investigar. Armado con una escalera, subió hasta el nicho perteneciente a Vicente Marzo Martínez, un difunto que ha descansado allí desde mediados del siglo XIX. Sobre el cristal que protegía la lápida, Solaz descubrió efectivamente dos manchas con formas antropomórficas: una que parecía la cara de un adulto y otra que sugería el cuerpo de un niño.

La inscripción en la lápida reza: “A la grata memoria del difunto Don Vicente Marzo Martínez, su esposa e hijas”, junto a la fecha de su muerte, el 14 de abril de 1849. Sin embargo, Solaz halló una discrepancia en los registros del Cementerio General, que indican que la inhumación tuvo lugar el 7 de mayo de 1849, semanas después del supuesto fallecimiento, un detalle que añade más misterio al caso.

Vicente Marzo Martínez, nacido el 9 de octubre de 1793, fue en vida administrador de los condes de Parcent, una familia noble de notable influencia en la Valencia del siglo XIX. Su padre, el arquitecto Vicente Marzo, fue responsable de concluir el palacio de los Condes de Parcent, un edificio señorial que hasta 1965 ocupaba el espacio donde hoy se encuentran los jardines de Parcent.

Mientras Solaz continúa investigando el origen de las manchas en el cristal del nicho, no descarta ninguna hipótesis, desde una explicación física o química hasta un posible origen sobrenatural. Lo que es seguro es que este hallazgo ha despertado su curiosidad y se convertirá en una nueva parada en su ruta del «Museo del Silencio». Las historias que Solaz recoge y comparte, como la de las misteriosas caras, contribuyen a mantener vivo el interés por el cementerio valenciano, un auténtico archivo de memoria, historia y misterio al aire libre.

Con cada nuevo descubrimiento, Rafael Solaz no solo preserva la historia del cementerio, sino que también promueve un espacio donde la curiosidad y el respeto por el pasado se encuentran, permitiendo a todos los visitantes conectar con las muchas narrativas que yacen bajo las lápidas de Valencia.

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