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El último adiós en Zamora: una funeraria en el ojo del huracán

El último adiós en Zamora: una funeraria en el ojo del huracán

En la tranquila ciudad de Zamora, un episodio insólito ha remecido los cimientos de la comunidad. Una familia, aún en duelo por la pérdida de su madre, se vio arrastrada a una serie de eventos que parecen sacados de un guion de película. Todo comenzó cuando uno de los hijos, preocupado por no haber recibido noticias ni de la asistenta social ni de la familia, decidió acudir a la Policía para ingresar a la vivienda de su madre, acompañado de un cerrajero. Una vez dentro, la dura realidad se manifestó: su madre había fallecido.

El protocolo se activó de inmediato. Tras constatar el fallecimiento, se avisó al forense para que examinara el cuerpo antes de proceder a levantar el cadáver. Mientras tanto, los hijos, conmocionados, recordaron el contrato de servicios funerarios que su madre tenía, por lo que contactaron a la funeraria responsable. Sin embargo, la llamada inicial fue atendida por una nueva empleada, quien, sin poder ayudarles, los remitió a un compañero más experimentado.

La sorpresa no tardó en llegar. «¿Estás segura de que está muerta, muerta?», fue la respuesta que recibió una de las hijas al intentar explicar la situación. Aun así, el empleado insistió en que llamaran a un número en Madrid para verificar la existencia del contrato de enterramiento. La llamada a Madrid solo trajo más confusión, pues allí no constaba ningún servicio a nombre de la fallecida. Les sugirieron, entonces, volver a contactar la oficina de Zamora.

En una desesperada danza de llamadas, la familia intentó resolver el misterio del contrato inexistente. Finalmente, optaron por comunicarse con la funeraria de guardia, cuyos empleados, al comprobar la existencia de un contrato con la otra empresa, determinaron que eran ellos quienes debían hacerse cargo del cadáver. Sin embargo, la negativa inicial de la funeraria provocó que la Policía y el forense intervinieran, exigiendo que finalmente asumieran su responsabilidad.

Cuando los empleados de la funeraria llegaron, lo hicieron de una manera que dejó a todos impactados. Subieron al piso, envolvieron el cadáver en un plástico y lo depositaron en la acera, sin más ceremonia que la de un simple bulto. En plena calle y a voz en grito, el empleado comenzó a hacer llamadas y a explicar los trámites a la familia, creando una escena que indignó a todos los presentes. Eran ya las doce de la noche cuando los familiares, atónitos, pidieron al empleado que bajara el tono y finalmente colocara a su madre en la furgoneta.

Lo que debería haber sido un respetuoso adiós se transformó en una pesadilla, con los familiares sumidos en la indignación y el desconcierto. Tras horas de trámites y de un ir y venir exasperante, la fallecida fue finalmente trasladada al Instituto de Medicina Legal. Este episodio ha dejado una huella imborrable en la familia y ha puesto en la palestra a la empresa funeraria, que ahora enfrenta no solo el escrutinio público, sino también la necesidad de responder por su proceder en un momento tan delicado.

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