Hay decisiones públicas que no ocupan grandes titulares, pero afectan de forma directa a la vida —y también a la despedida— de muchas familias. En Valle de Guerra, el cementerio municipal llevaba años acercándose a su límite. Ahora, el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna ha dado el primer paso para aliviar esa situación con la licitación de una obra que permitirá construir 120 nuevos nichos osarios.
La actuación llega en un momento clave. El recinto supera desde hace tiempo el 90% de ocupación, una cifra que refleja una presión creciente sobre un servicio esencial para la localidad. No se trata solo de números o de metros disponibles. Para muchas familias, disponer de un espacio cercano donde recordar a sus seres queridos forma parte del arraigo con su barrio, con su historia y con sus costumbres.
El proyecto cuenta con un presupuesto de 77.500 euros y un plazo estimado de ejecución de tres meses desde el inicio de las obras. El objetivo municipal es ofrecer una respuesta rápida a una necesidad que no admite largas esperas. La falta de capacidad en este tipo de instalaciones suele generar preocupación entre los vecinos, especialmente en núcleos donde existe un fuerte vínculo con los espacios comunitarios.
El alcalde de San Cristóbal de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, ha señalado que esta intervención se considera prioritaria dentro de la gestión municipal. Según explicó, la intención es garantizar a corto plazo el acceso al servicio funerario y responder con agilidad a las necesidades actuales de la población.
Por su parte, la concejala de Cementerios, Cristina Ledesma, agradeció el trabajo realizado por el personal técnico que ha impulsado la tramitación del expediente. Además, avanzó que el consistorio trabaja en una ampliación más amplia de la infraestructura, una actuación de mayor alcance que aún está pendiente de la autorización del Cabildo de Tenerife.
Mientras ese proyecto mayor sigue su recorrido administrativo, la construcción de estos 120 nuevos nichos representa una solución inmediata y tangible. Una medida práctica, sí, pero también cargada de significado para un pueblo que quiere seguir despidiendo a los suyos cerca de casa, en un lugar conocido, digno y vinculado a la memoria colectiva.
Porque a veces gobernar también consiste en atender lo silencioso: aquello que no se celebra, pero que todos necesitan cuando llega el momento.



