En el tranquilo municipio de Santovenia, una sombra ha caído sobre el grupo funerario El Salvador, con resonancias que se han extendido hasta la Audiencia de Valladolid. Este martes, Valeriano V.A., un marmolista y enterrador, ha destapado durante el juicio lo que parece ser un secreto a voces en el pueblo: el negocio de reutilización de ataúdes y coronas de flores para sucesivos sepelios. Con la mirada fija, Valeriano apuntó directamente al difunto magnate Ignacio Morchón Alonso como el cerebro detrás de esta operación.
El encuentro crucial se remonta a un bar cerca de la antigua cárcel de Valladolid. Allí, Valeriano, quien trabajaba para Mármoles San Andrés, se reunió con Morchón Alonso. Amigo del magnate, Valeriano le pidió que cesara en su actividad ilícita. Según el testigo, Morchón Alonso, desafiante, respondió que no le importaba y que nadie le extorsionaría. Para Valeriano, este fue el punto de inflexión que lo llevó a compartir la información con la familia de uno de los afectados, desencadenando una investigación policial.
La Operación Ignis, como fue denominada, reveló una compleja red de engaños. Furgonetas cargadas con tableros de aglomerado llegaban al cementerio de Santovenia, donde eran incinerados los cadáveres en lugar de los féretros que las familias habían comprado a un alto costo. Esta práctica no solo implicaba un cambio de ataúdes, sino también un simulacro de incineración que engañaba a los dolientes.
El testimonio de Valeriano fue respaldado por otros afectados que hablaron ante el tribunal. Teresa C.B., una de las perjudicadas, rememoró con dolor cómo, al fallecer su padre en 2002, la familia no pudo presenciar la cremación. «¡Que vayan todos a la cárcel!», reclamó visiblemente afectada. A su indignación se sumó Juan Carlos M., quien fue víctima de este fraude en tres ocasiones.
El impacto emocional de los testimonios fue palpable. Jorge Manuel M. denunció que lo más grave no era el cambiazo del ataúd, sino el trato deshumanizado a los cadáveres. Las historias de las familias afectadas reflejan un dolor profundo, un sentido de traición que resuena en cada declaración. María Jesús D., viuda de un afectado, exigió justicia, resaltando la falta de respeto hacia los difuntos.
El juicio, que se extenderá hasta junio, ha puesto en el banquillo a 23 personas acusadas de una serie de delitos, desde estafa hasta pertenencia a organización criminal. Aunque el patriarca del grupo, Ignacio Morchón Alonso, ha quedado fuera del proceso al haber fallecido, el eco de sus acciones sigue resonando en las salas de la Audiencia Provincial de Valladolid.
Con cada testimonio, el caso ataúdes se desvela como una trama de engaños y dolor, un recordatorio de que la muerte, en manos equivocadas, puede convertirse en un negocio frío y calculador. La búsqueda de justicia continúa, mientras las familias intentan cerrar un capítulo marcado por la traición a la memoria de sus seres queridos.



