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Un legado de humanidad: el relevo en el cementerio de Poio

Un legado de humanidad: el relevo en el cementerio de Poio

Durante 34 años, Francisco Martínez Vázquez fue más que un sepulturero en el cementerio municipal de Poio; fue un pilar de consuelo y humanidad para la comunidad. Ahora, recién jubilado, deja su legado en manos de Gonzalo Vázquez, un hombre con la difícil tarea de llenar unos zapatos que han dejado una huella profunda en el corazón de los vecinos.

Francisco, conocido cariñosamente como Paco, comenzó su carrera en 1985 trabajando en una variedad de servicios municipales. Sin embargo, fue en 1992 cuando se le ofreció la oportunidad de convertirse en sepulturero, un rol que aceptó con responsabilidad y dedicación. «Si tengo que empezar de nuevo, volvería a escoger lo mismo», afirma Paco, reflejando su satisfacción por una vida dedicada a servir a otros en sus momentos más vulnerables.

El trabajo de Paco en el cementerio no solo consistía en las tareas físicas, sino en el trato humano y compasivo con las familias en duelo. Su capacidad para ofrecer consuelo, incluso en los momentos más difíciles, le ganó el respeto y el cariño de la comunidad. Para él, ver la gratitud y la paz en los rostros de quienes despedían a sus seres queridos fue la mayor recompensa.

Entre los recuerdos más duros de su carrera, Paco rememora el funeral de las víctimas del naufragio del «Nuevo Marcos» en 2017. Tres jóvenes vidas perdidas en un trágico accidente que conmovió a toda la comunidad. En honor a ellos, Paco creó un pequeño homenaje en el cementerio, un gesto que refleja su compromiso inquebrantable con la memoria y el respeto.

Gonzalo Vázquez, quien ahora toma el relevo, llega al puesto con una sólida experiencia en mantenimiento y jardinería. Consciente del legado de Paco, Gonzalo se propone mantener e incluso mejorar el entorno del cementerio, cuidando cada detalle para que las familias encuentren un lugar respetuoso y bien cuidado al visitar a sus seres queridos.

La relación de Paco con los vecinos y los responsables políticos del municipio siempre fue de respeto mutuo, una tradición que Gonzalo espera continuar. «Todo el mundo me dice que él dejó el listón muy alto, pero yo quiero hacer lo mismo y, si puedo, mejorarlo», comenta Gonzalo, mostrando su humildad y compromiso.

En el cementerio de Poio, el trabajo de sepulturero es más que una profesión; es un acto de servicio a la comunidad. Paco Martínez deja un legado de humanidad que perdurará en la memoria de todos aquellos a quienes asistió. Y ahora, Gonzalo Vázquez se embarca en su propio camino, con la esperanza de seguir brindando consuelo y dignidad en un lugar donde la vida y la muerte se encuentran.

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