El sector funerario afronta un momento decisivo, marcado por la innovación, la regulación y la necesidad de adaptarse a un entorno cada vez más exigente. En ese contexto se celebra el II Encuentro ANFA, una cita clave para profesionales y empresas que quieren entender hacia dónde se dirige realmente el sector y qué decisiones deben empezar a tomar hoy.
Entre sus ponencias más esperadas estará la de Mike Mösch, fundador de AIVERSO y especialista en automatización inteligente, que abordará un asunto cada vez menos futurista y más urgente: cómo la inteligencia artificial ya está transformando la operativa, la eficiencia y la competitividad de funerarias y tanatorios.
En esta entrevista adelanta algunas de las ideas que compartirá el próximo 15 de abril en Madrid, en una sesión pensada para quienes no quieren quedarse mirando cómo cambia el sector desde la barrera.
Usted sostiene en el título de su ponencia que los tanatorios que ya están integrando IA «juegan en otra liga». ¿Qué diferencia real, tangible y medible separa hoy a esas empresas del resto?
La diferencia no es tecnológica. Es operativa y económica.
Las empresas funerarias que han empezado a integrar inteligencia artificial de forma estructurada, no hablo de instalar un chatbot en la web, hablo de rediseñar procesos internos, están consiguiendo tres cosas que el resto no puede replicar solo con más personal o más horas de trabajo.
Primera: reducción drástica de tiempos administrativos.
Un servicio funerario genera entre 15 y 25 gestiones documentales en menos de 48 horas:
certificados, seguros, permisos, facturación provisional, albaranes, coordinación con terceros, etc. Las empresas que han automatizado inteligentemente esta cadena están liberando entre un 30% y un 50% del tiempo que sus equipos dedicaban a tareas repetitivas, de alto como de bajo valor. Ese tiempo se redirige a lo que de verdad importa: atender a las familias.
Segunda: consistencia en la calidad del servicio.
Una funeraria que depende exclusivamente de la experiencia individual de cada trabajador tiene un nivel de servicio que fluctúa. Cuando introduces sistemas que asisten en la toma de decisiones, qué proveedor activar, qué documentación falta, qué paso siguiente es prioritario, el nivel de servicio se estabiliza. Y eso se mide en reclamaciones, en reseñas y en tasa de recomendación.
Tercera: capacidad de escalar sin multiplicar costes fijos.
Este es el indicador que más debería preocupar a cualquier empresario del sector. Las empresas que ya trabajan con infraestructura cognitiva pueden absorber picos de demanda
sin necesidad de contratar personal adicional para cada nueva unidad de servicio.
La diferencia no es que unas empresas sean «más modernas». Es que unas están construyendo una estructura que les permite hacer más con menos esfuerzo operativo, mientras el resto compensa con sobrecarga humana. Y eso, a medio plazo, se traduce en márgenes, en calidad y en capacidad de competir. En la ponencia del 15 de abril voy a mostrar exactamente cómo se mide esto y qué palancas lo activan.
En un sector tan sensible como el funerario, ¿cómo se introduce inteligencia artificial sin que la eficiencia termine erosionando la cercanía, la empatía y el trato humano que exigen las familias?
Esta es probablemente la pregunta más importante que puede hacerse un profesional funerario hoy. Y la respuesta es directa: la IA no toca a la familia. La IA toca todo lo que rodea a la familia para que el profesional pueda estar donde tiene que estar.
Lo que erosiona la cercanía no es la tecnología. Lo que erosiona la cercanía es un profesional que, mientras debería estar acompañando a una familia, está al teléfono gestionando un permiso de traslado, comprobando la póliza de un seguro de decesos o coordinando horarios con el crematorio. Eso es lo que destruye la experiencia humana. No la IA.
El enfoque correcto, y el que estamos viendo funcionar en empresas reales, es aplicar inteligencia artificial en la capa invisible del servicio: la gestió, la coordinación logística, el seguimiento de procesos, la generación de informes, la comunicación con aseguradoras.
Todo eso puede y debe ser asistido por sistemas inteligentes.
El resultado es paradójico solo en apariencia: cuanta más tecnología bien implementada hay en el back-office, más humano es el servicio que recibe la familia. Porque el profesional deja de ser un gestor administrativo atrapado en papeles y vuelve a ser lo que siempre debió ser:
un acompañante.
El límite es claro y no debe cruzarse, ningún sistema de IA debería interactuar directamente con una familia en duelo pretendiendo sustituir el contacto humano. La tecnología asiste al profesional. El profesional atiende a la persona. Esa arquitectura es la que protege la esencia del servicio funerario.
Desde su experiencia en automatización inteligente, ¿qué procesos concretos dentro de un tanatorio o funeraria cree que deberían ser los primeros en transformarse con IA?
Hay un orden lógico que responde a un criterio muy simple: empezar por donde hay más volumen repetitivo y además de manera transversal, más impacto de “riesgo de error” y menos valor añadido del criterio humano.
Primer bloque: gestión administrativa.
Todo lo que implica desarrollar, verificar, enviar y archivar documentación. Un servicio funerario mueve decenas de documentos en un plazo muy corto. Ahí la IA no solo acelera:
reduce errores que pueden costar dinero y problemas legales.
Segundo bloque: coordinación operativa.
Asignación de recursos, disponibilidad de salas, programación de servicios, coordinación con cementerios y crematorios, gestión de turnos. Hoy, en muchas funerarias esto se resuelve con llamadas de teléfono, WhatsApp y la memoria de alguien que lleva veinte años haciéndolo. Funciona hasta que esa persona no está. Un sistema inteligente garantiza continuidad operativa independientemente de quién esté de turno.
Tercer bloque: relación con aseguradoras y tramitación de pólizas de decesos.
Este es un punto de fricción enorme en el sector. La verificación de coberturas, la comunicación con las compañías, los plazos de liquidación. Todo esto se puede automatizar de forma inteligente y reducir significativamente los tiempos de cobro.
Cuarto bloque, y este es más avanzado: sistemas de asistencia al profesional en el momento de la atención. No para sustituirle, sino para que tenga acceso inmediato a toda la información relevante del servicio en curso sin tener que buscar en carpetas, llamar a compañeros o consultar bases de datos dispersas.
En la ponencia voy a detallar un modelo por fases que permite a cualquier funeraria, independientemente de su tamaño, empezar a implementar esto de forma escalonada y con retorno medible desde el primer mes.
Muchas empresas funerarias son pymes o negocios familiares con estructuras muy ajustadas. ¿Cómo se convence a ese perfil empresarial de que la IA no es un gasto decorativo, sino una inversión estratégica?
No se convence con discursos sobre el futuro. Se convence con números del presente. El dato mata o construye el relato.
Voy a ser muy directo: el empresario funerario medio no necesita que le hablen de transformación digital, de disrupciones ni de la cuarta revolución industrial. Necesita que alguien le diga cuánto le está costando cada mes no tener sus procesos organizados y cuánto puede ahorrarse —o dejar de perder— con una implementación razonable.
Pongamos un ejemplo concreto. Si una funeraria gestiona 200 servicios al año y dedica una media de 3 horas administrativas por servicio a tareas que podrían estar asistidas por IA, estamos hablando de 600 horas anuales. A coste medio de personal, eso tiene un valor directo. No es teoría abstracta es una cuenta que cualquier empresario puede verificar en su propia operación.
Pero hay un argumento todavía más potente que el ahorro: el coste de oportunidad. Mientras un empresario familiar dedica su tiempo a gestión operativa que podría estar (semi-)automatizada, no está pensando en cómo mejorar su servicio, cómo diferenciarse, cómo captar nuevos acuerdos con aseguradoras o cómo preparar el relevo generacional. La IA no es un lujo para grandes corporaciones. Es precisamente la herramienta que permite a la pyme competir sin necesidad de multiplicar su plantilla.
Lo que sí debo decir con total honestidad: no toda la IA vale. Hay mucho producto en el mercado que no aporta nada al sector funerario. La clave está en identificar qué necesita tu empresa concreta, no qué te quieren vender.
Y eso requiere un diagnóstico previo, no una compra impulsiva. En abril voy a compartir una metodología de evaluación para que cada asistente pueda determinar exactamente por dónde empezar y cuánto invertir de forma realista.
En AIVERSO usted trabaja sobre lo que denomina «infraestructura cognitiva empresarial». Llevando ese concepto al sector funerario, ¿qué significaría exactamente y cómo se traduce en el día a día de una empresa funeraria?
La infraestructura cognitiva es un concepto que nace de una observación muy simple: la mayoría de empresas que intentan usar IA lo hacen comprando herramientas sueltas. Un chatbot aquí, un software allá, una suscripción a una plataforma. El resultado es un conjunto de piezas desconectadas que no generan valor real.
Una infraestructura cognitiva es otra cosa. Es un sistema organizado por capas donde la tecnología, las personas, los procesos y el conocimiento de la empresa trabajan de forma coordinada. No es un producto. Es una arquitectura.
Traducido al día a día de una funeraria, significa lo siguiente:
Cuando entra un nuevo servicio, el sistema ya sabe qué documentación necesita, qué proveedores debe activar, qué plazos tiene cada gestión y qué información debe proporcionarse a la familia en cada momento. El profesional no empieza de cero cada vez.
Tiene un copiloto que le asiste y le anticipa.
Cuando un profesional resuelve un problema complejo, una tramitación internacional, un caso con complejidad legal, una situación excepcional, ese conocimiento no se queda en su cabeza. Se captura, se estructura y queda disponible para el siguiente profesional que enfrente un caso similar. La empresa deja de depender exclusivamente de la memoria individual y empieza a construir un activo de conocimiento colectivo.
Cuando la dirección necesita tomar decisiones —ajustar precios, negociar con aseguradoras, planificar inversiones—, tiene datos reales y actualizados, no intuiciones basadas en la experiencia acumulada de décadas.
La base de todo esto son las personas. La infraestructura cognitiva no sustituye al profesional funerario. Lo sitúa en el centro y le da las herramientas para que su criterio y su experiencia generen el máximo valor posible. En la ponencia voy a presentar el modelo completo de capas y cómo se implementa por fases en empresas del tamaño típico del sector.
Su trayectoria está muy vinculada a la optimización, la automatización y la mejora de la toma de decisiones. ¿Qué errores de gestión cree que está cometiendo hoy el sector funerario por no apoyarse todavía en sistemas inteligentes?
Voy a señalar los que considero más críticos, sin ánimo de ofender a nadie sino con la intención de que sirva como punto de reflexión.
Primer error: dependencia extrema del conocimiento individual. En muchas funerarias, si la persona que «lo sabe todo» enferma, se jubila o se va, la empresa tiene un problema serio.
Ese conocimiento no está documentado, no está sistematizado y no es transferible. Es un riesgo de negocio real que afecta directamente a la continuidad operativa y al relevo generacional.
Segundo error: gestión reactiva en lugar de proactiva. La mayoría de funerarias gestionan su operación respondiendo a lo que va llegando. No hay análisis de patrones de demanda, no hay previsión de recursos, no hay planificación basada en datos históricos. Con los datos que cualquier funeraria ya tiene —aunque no los esté explotando—, se pueden anticipar necesidades estacionales, optimizar inventarios y mejorar la planificación financiera.
Tercer error: tiempo directivo dedicado a tareas operativas. El propietario o director de una pyme funeraria dedica una proporción enorme de su jornada a resolver problemas (marrones) que no deberían requerir su intervención. Cada hora que un directivo pasa persiguiendo una factura o verificando un permiso es una hora que no dedica a pensar en su negocio estratégicamente.
Cuarto error: negociación con aseguradoras sin datos sólidos. Las compañías de seguros tienen departamentos enteros con analítica avanzada. Cuando una funeraria negocia tarifas o condiciones basándose únicamente en su percepción, está en desventaja estructural. Los datos nivelan esa mesa de negociación.
No son errores por incompetencia. Son errores por inercia. Y la buena noticia es que todos tienen solución viable con las herramientas disponibles hoy.
En un ámbito donde se manejan datos especialmente delicados, documentación sensible y momentos de alta vulnerabilidad emocional, ¿qué límites éticos y operativos debería imponerse una funeraria antes de desplegar IA?
Este tema no es secundario. Es fundacional. Y cualquier empresa funeraria que despliegue IA sin tener claros sus límites éticos está poniendo en riesgo algo mucho más valioso que la eficiencia: su reputación y la confianza de las familias.
Primer límite: la IA nunca interactúa directamente con una familia en duelo simulando ser una persona. Un chatbot puede responder preguntas generales sobre horarios o servicios en una web. Pero ningún sistema automatizado debería atender el momento de la pérdida, dar un pésame o gestionar decisiones emocionales. Eso es territorio exclusivamente humano.
Segundo límite: protección radical de los datos personales. Una funeraria maneja datos de salud, datos de fallecimiento, información patrimonial y datos familiares. Todo esto está bajo la regulación más estricta del RGPD. Antes de implementar cualquier sistema de IA, la empresa debe tener absolutamente claro dónde se procesan los datos, quién tiene acceso, si salen del entorno europeo y bajo qué condiciones. Esto no es opcional ni negociable.
Tercer límite: transparencia. Si se usa IA en algún proceso que afecta al servicio que recibe una familia, la empresa debe ser capaz de explicar qué hace el sistema y por qué. La «caja negra» no es aceptable en un sector donde la confianza lo es todo.
Cuarto límite: gobernanza interna. Debe existir un protocolo claro sobre qué decisiones puede asistir la IA y cuáles requieren siempre intervención humana. Y ese protocolo no lo diseña el proveedor tecnológico. Lo diseña la empresa funeraria con criterio profesional.
Mi recomendación es que cualquier funeraria que esté considerando integrar IA empiece por aquí: por definir sus límites antes de elegir su sistema de herramientas. Es exactamente al revés de lo que suele hacerse, pero es lo correcto.
¿Existe hoy el riesgo de que algunas empresas del sector estén comprando lo que podríamos llamar «soluciones de IA» sin una estrategia real detrás y, en el fondo, solo estén maquillando su modernización?
No solo existe el riesgo. Ya está ocurriendo. Y no es exclusivo del sector funerario, pero aquí tiene un agravante: el coste de equivocarse no es solo económico, es reputacional.
Estamos viendo tres patrones problemáticos.
Primero: empresas que contratan herramientas de IA genéricas, diseñadas para cualquier sector, y las ponen en funcionamiento sin adaptarlas a las particularidades del servicio funerario. El resultado es un sistema que no entiende el contexto, que genera respuestas inapropiadas o que simplemente no resuelve los problemas reales del negocio. Dinero perdido.
Segundo: empresas que confunden presencia digital con transformación inteligente. Tener una web bonita, un CRM básico y una cuenta de ChatGPT no es una estrategia de IA. Es cosmética digital. Puede dar una apariencia de modernidad hacia fuera, pero internamente no cambia nada relevante.
Tercero —y este es el más peligroso—: proveedores tecnológicos que venden «IA» a empresas funerarias sin ningún conocimiento del sector. Les ponen un chatbot genérico, les cobran una mensualidad y les dicen que ya están digitalizados. Eso no es transformación. Es transferencia de riesgo del proveedor al cliente.
La pregunta que debe hacerse cualquier empresario antes de invertir un euro es muy simple: ¿esto que me están vendiendo resuelve un problema concreto de mi operación diaria? Si la respuesta no es inmediata y específica, probablemente sea humo.
En la ponencia voy a compartir un marco de evaluación que cualquier asistente podrá usar para distinguir una solución real de un producto de marketing. Creo que es una de las herramientas más útiles que me puedo llevar a Madrid.
Desde su experiencia en entornos complejos y altamente competitivos, ¿qué puede aprender el sector funerario de otras industrias que ya han integrado IA con éxito y que todavía aquí no se está aplicando?
Hay tres industrias cuyas lecciones son directamente trasladables al sector funerario, y no por casualidad: las tres operan en contextos donde la sensibilidad del cliente es muy alta y el margen de error, muy bajo.
La primera es el sector sanitario. Los hospitales y clínicas que mejor han integrado IA lo han hecho exactamente con el enfoque que defiendo: automatizar la capa administrativa y logística para que el profesional médico dedique más tiempo al paciente. El paralelismo con una funeraria es directo. Los profesionales sanitarios que lideran esta transformación no son los más tecnológicos; son los que mejor entienden qué parte de su trabajo puede delegar a un sistema y qué parte es irreductiblemente humana.
La segunda es la gestión hotelera de alta gama. Un hotel de lujo gestiona experiencias emocionales: la llegada, la estancia, las preferencias personales, los detalles que marcan la diferencia. Usan IA para anticipar necesidades, personalizar servicios y coordinar equipos en tiempo real. La funeraria que entienda que está gestionando una experiencia —la más difícil e importante de la vida de una familia— y aplique ese mismo enfoque de anticipación y personalización asistida por datos, va a diferenciarse radicalmente.
La tercera es el sector legal, especialmente los despachos de abogados que manejan sucesiones y patrimonio. Han integrado IA en la revisión documental, en la generación de borradores y en la verificación de cumplimiento normativo. Todo esto tiene aplicación directa en la tramitación funeraria.
Lo que ninguna de estas industrias hizo fue implementar todo de golpe. Empezaron por un proceso, midieron resultados y escalaron. Ese es el método que funciona y el que voy a presentar aplicado al sector funerario en el encuentro de abril.
Si hoy tuviera que dar un único consejo a los directivos y propietarios de funerarias que van a escucharle en este II Encuentro ANFA, ¿cuál sería la decisión que no pueden seguir posponiendo si no quieren quedarse atrás?
Dejen de pensar en la IA como algo que «ya llegará» y empiecen a pensar en el conocimiento de su empresa como un activo que están perdiendo cada día que pasa.
Cada vez que un profesional experimentado resuelve un caso complejo y ese conocimiento se queda en su cabeza, la empresa pierde valor. Cada vez que se repite un proceso que ya se resolvió antes porque nadie documentó cómo hacerlo, la empresa pierde dinero. Cada vez que un directivo toma una decisión estratégica basándose en su intuición porque no tiene datos organizados, la empresa asume un riesgo innecesario.
La decisión que no puede seguir posponiéndose no es «comprar IA». Es decidir que el conocimiento, los procesos y los datos de su empresa van a dejar de ser invisibles, dispersos y dependientes de personas concretas. Eso es lo primero. La tecnología viene después, como herramienta al servicio de esa decisión.
El sector funerario español está en un momento de inflexión. ANFA lo sabe y por eso ha incluido esta temática en su II Encuentro. Las grandes corporaciones ya están invirtiendo en estas capacidades. La pregunta para la pyme funeraria no es si puede permitirse dar este paso. La pregunta es si puede permitirse no darlo mientras su competencia sí lo hace.
Mi compromiso para el 15 de abril es no quedarme en la teoría. Voy a compartir un modelo concreto, con fases definidas, indicadores medibles y un punto de partida adaptado al tamaño y la realidad de las empresas que componen ANFA. Porque de nada sirve inspirar si no se dan las herramientas para actuar.
Nos vemos en Madrid.
Mike Mösch



