En la comunidad musulmana de Ourense, una inquietud persiste después del mes sagrado del Ramadán: la falta de un cementerio islámico donde puedan enterrar a sus difuntos de acuerdo con sus tradiciones. Esta situación no solo afecta a esta localidad, sino a toda Galicia, donde no existe una maqbara, o cementerio islámico, que cumpla con los preceptos religiosos.
Ibrahim Diouf, secretario de la Comunidad Islámica de Ourense, expresa la preocupación de la comunidad: «Es un problema muy grande para nosotros». A pesar de intentos anteriores, como la negociación fallida de un terreno en Pontevedra, la búsqueda de un lugar adecuado para los entierros sigue siendo infructuosa. Sin un espacio dedicado, las familias musulmanas a menudo optan por la repatriación de los cuerpos a sus países de origen, un proceso costoso y complicado que puede oscilar entre 3.000 y 6.000 euros.
En el rito islámico, los entierros deben realizarse lo más pronto posible después de la muerte, preferiblemente antes de la puesta del sol del mismo día. El difunto es lavado y envuelto en una mortaja blanca, y debe ser enterrado en contacto directo con la tierra, orientado hacia la Meca. Sin embargo, la falta de un lugar apropiado en Ourense significa que muchas familias deben enviar a sus seres queridos de regreso a países como Senegal o Marruecos, gracias a un fondo de repatriación gestionado por la Unión de Comunidades Islámicas de Galicia (Ucidgal).
A pesar de que la población musulmana en España supera los dos millones, y más de 2.000 de ellos residen en la provincia de Ourense, solo existen 40 maqbaras o parcelas en todo el país. Ibrahim señala que destinar un terreno para tales funciones no requiere consagración, solo la designación y preparación del espacio, incluyendo una instalación para el ritual de lavado.
En 2023, la Xunta de Galicia aprobó un Decreto de Sanidad Mortuoria que permite entierros sin ataúd por razones religiosas, un avance que muchos esperaban facilitaría la creación de un cementerio islámico en Ourense. Sin embargo, la respuesta del Ayuntamiento ha sido insuficiente, dejando a la comunidad sin una solución viable.
Para Ibrahim y los miembros de la Comunidad Islámica de Ourense, la situación es un recordatorio de la importancia de garantizar un entierro digno, un derecho reconocido en el Acuerdo de Cooperación de 1992 entre el Estado español y la Comisión Islámica de España. A pesar de los desafíos, la comunidad sigue abogando por un espacio que respete sus tradiciones, mientras recuerdan que, en última instancia, «lo importante es cómo fue la persona en vida, lo que tuvo en su corazón».



