En Zaragoza, el sector funerario atraviesa una etapa de reconfiguración marcada por la entrada de un nuevo operador que ha alterado de forma significativa el equilibrio tradicional del mercado. La adjudicación de la gestión del cementerio de Torrero al grupo Mémora ha introducido un modelo distinto que ha generado inquietud entre las funerarias de carácter familiar, que ven cómo cambian las reglas del juego en un entorno históricamente estable. Ahí empieza realmente el conflicto.
La nueva concesión ha supuesto una reorganización de la operativa dentro del recinto municipal, limitando la capacidad de actuación de otras empresas funerarias, que deben adaptarse a las condiciones fijadas por el gestor. Este escenario ha reducido su margen de maniobra y ha intensificado la percepción de dependencia respecto al concesionario, especialmente en aspectos clave del servicio. La consecuencia es un mercado más tensionado, donde la competencia ya no se desarrolla en igualdad de condiciones, algo que las pequeñas firmas consideran determinante y difícil de revertir a corto plazo.
En este contexto, el Ayuntamiento de Zaragoza ha intervenido para introducir ciertos ajustes en el funcionamiento del tanatorio de Torrero, tratando de aliviar la presión existente. Sin embargo, las medidas adoptadas no han logrado disipar el malestar del sector, que sigue denunciando dificultades estructurales relacionadas con el uso de instalaciones y la gestión de servicios esenciales. La sensación general es que los cambios han sido más formales que efectivos… y que el núcleo del problema permanece intacto.
Uno de los puntos más controvertidos es la limitación para realizar determinadas prácticas, como la tanatopraxia dentro del propio recinto, lo que obliga a las funerarias externas a reorganizar sus procesos y asumir un papel más restringido, centrado en el traslado de los difuntos. Esta circunstancia ha llevado a una treintena de empresas a elevar el conflicto ante el Tribunal de Defensa de la Competencia de Aragón, en busca de una revisión del modelo que permita recuperar ese teórico equilibrio que las pequeñas empresas defienden, aunque el desenlace sigue siendo incierto.
Por su parte, Mémora ha defendido públicamente su gestión al frente del complejo funerario, subrayando que el modelo implantado responde a criterios de eficiencia, sostenibilidad y accesibilidad. La compañía sostiene que su actuación se basa en una gestión inclusiva del servicio, garantizando el acceso en condiciones de igualdad y cumpliendo con los requisitos establecidos en la concesión administrativa. Además, insiste en que su objetivo es modernizar las instalaciones y ofrecer un servicio adaptado a las necesidades actuales de la ciudadanía.
Así, el sector funerario zaragozano se encuentra en un momento de transición donde conviven dos modelos: el tradicional, basado en empresas familiares con fuerte arraigo local, y el modelo de gran operador, más centralizado y orientado a la optimización de recursos. La tensión entre ambos no solo refleja un conflicto empresarial, sino también un debate más amplio sobre el futuro de los servicios funerarios en la ciudad… y sobre quién debe tener realmente el control de un momento tan delicado.



