En el tranquilo municipio de Celanova, Ourense, un robo inusual ha perturbado la paz de dos de sus cementerios. En los camposantos de Santa María de Pontefechas y San Xoán de Viveiro, dieciocho figuras metálicas de cristos crucificados han desaparecido, arrancadas de las testeras de piedra donde permanecían como guardianes silenciosos de las sepulturas. Este acto de vandalismo no solo ha dejado daños materiales, sino también una sensación de violación y tristeza entre los vecinos.
El párroco de Pontefechas, Miguel Blanco, confirmó que los robos ya han sido denunciados ante la Guardia Civil. Las figuras, hechas de bronce o latón, parecen haber sido el objetivo de delincuentes que, según se sospecha, planean fundirlas para vender el metal. En algunos casos, los ladrones dejaron tras de sí restos de las figuras, como un brazo o una mano, testimonio mudo de la violencia con la que fueron extraídas.
El descubrimiento del robo en Pontefechas se hizo este domingo, aunque se cree que ocurrió entre la noche del sábado y la mañana siguiente. Las figuras desaparecieron de seis cruces de piedra en sepulturas cercanas a la pista de acceso, lo que sugiere un acceso relativamente fácil para los perpetradores. En San Xoán de Viveiro, la desaparición de los cristos ocurrió días antes, aumentando la posibilidad de que ambos robos estén conectados.
La coincidencia en el tipo de objetos robados y la proximidad geográfica de ambos cementerios, separados por apenas 4,2 kilómetros, sugieren que el mismo grupo de ladrones podría estar detrás de ambos incidentes. Esta posibilidad ha llevado a la comunidad a estar en alerta, y se ha instado a los ciudadanos a ser precavidos y colaborar con cualquier información que pueda ayudar a esclarecer los hechos.
La sustracción de estas figuras religiosas no es solo un delito contra la propiedad, sino también un ataque al patrimonio cultural y emocional de la comunidad. Las imágenes de Cristo, además de su valor material, tienen un significado profundo para las familias que las colocaron en memoria de sus seres queridos. Su pérdida es sentida como un ultraje que va más allá de lo tangible.
Mientras la investigación avanza, la comunidad de Celanova se enfrenta al desafío de proteger su patrimonio y evitar futuros incidentes. En un gesto de solidaridad y respeto, los vecinos han comenzado a organizarse para vigilar los cementerios y evitar que se repitan estos actos de vandalismo. La esperanza es que, con la ayuda de las autoridades, se pueda capturar a los responsables y devolver la tranquilidad a esta comunidad azotada por el dolor de la pérdida y el acto irrespetuoso de los ladrones.
Este incidente es un recordatorio de la importancia de cuidar y preservar nuestro patrimonio cultural y religioso, y de la necesidad de comunidad y colaboración para superar los desafíos que, lamentablemente, lo ponen en riesgo.



