El aviso llegó primero por carta. Después hubo más. Ninguna obtuvo respuesta. Así que el Concello de Cangas decidió dar un paso más: enviar a la Policía Local para entregar en mano una orden clara. Los propietarios de la parcela donde se encuentra el cementerio privado de Darbo deben limpiar y desbrozar las instalaciones de inmediato. Si no lo hacen, se enfrentarán a sanciones.
La decisión municipal no es casual. El camposanto arrastra una situación irregular desde hace más de treinta años. Fue construido a comienzos de la década de 1990 por un promotor privado que vendió nichos a decenas de familias. Con el paso del tiempo, el empresario falleció y la gestión del recinto quedó en una especie de limbo administrativo. Hoy son sus herederos quienes figuran como propietarios del terreno, pero el mantenimiento del lugar recae, en la práctica, en quienes tienen allí enterrados a sus familiares.
Eso ha generado una situación peculiar. Mientras los titulares de nichos y panteones cuidan sus propias sepulturas, también se ocupan de limpiar caminos, retirar maleza o mantener el aspecto general del cementerio. Son tareas que corresponden al propietario del recinto, pero que desde hace años asumen algunos vecinos para evitar el deterioro del lugar.
Además, la normativa exige que los cementerios dispongan de un plan de gestión de residuos y de tratamientos periódicos de control de plagas, obligaciones que también dependen de quien gestiona las instalaciones.
Ante esta situación, el Concello lleva meses intentando cambiar el modelo. La propuesta es convertir el cementerio en un espacio público. La fórmula permitiría que la administración municipal asumiera el mantenimiento de las zonas comunes mientras los propietarios conservarían sus nichos, con el derecho a heredarlos o venderlos.
La idea cuenta con el respaldo de muchos de los afectados. En una reunión celebrada en diciembre en el consistorio, cerca de doscientas personas apoyaron la municipalización del recinto. La condición era clara: el cementerio pasaría a ser público, pero cada familia seguiría siendo dueña de su nicho.
El concejal de Urbanismo y Medio Ambiente, Antón Iglesias, inició entonces conversaciones con los herederos del promotor para que cedieran al Concello la parcela y los espacios comunes. Según explicó el edil, los primeros contactos fueron bien recibidos, aunque esa disposición todavía no se ha traducido en ningún acuerdo formal ni en documentos que lo respalden jurídicamente.
Mientras tanto, el Concello continúa elaborando un censo de propietarios de nichos. Varias decenas de personas ya han entregado sus datos en el Rexistro Xeral para facilitar el proceso.
“Vamos dando pasos, pero con cautela”, trasladó Iglesias a los afectados. Ahora el Ayuntamiento espera la reacción de los herederos del promotor tras la orden de saneamiento. De su respuesta dependerán los siguientes movimientos del consistorio.
Porque el objetivo final sigue siendo el mismo: poner fin a tres décadas de incertidumbre y garantizar que el cementerio de Darbo tenga una gestión clara y estable.



