En Sevilla, el Cementerio de San Fernando ha permanecido cerrado durante más de un mes tras las devastadoras borrascas que azotaron Andalucía. Este cierre ha generado una crisis económica para los floristas del entorno, a quienes el Ayuntamiento de Sevilla estudia ahora eximir de las tasas para aliviar sus pérdidas.
El cierre se decretó como parte del Plan de Emergencias del gobierno municipal tras las intensas lluvias que provocaron la caída de más de 80 árboles y dañaron alrededor de 130 tumbas. La delegada de Parques y Jardines, Evelia Rincón, explicó que muchos árboles, principalmente cipreses, ya no tienen solución y representan un peligro, lo que ha llevado a su tala.
La situación es compleja, ya que el cierre del camposanto ha impedido a los familiares visitar a sus seres queridos, aunque se han habilitado rutas seguras para entierros y recogida de cenizas. El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha subrayado que los árboles afectados deben ser talados debido a las debilidades estructurales acumuladas a lo largo de los años.
Desde el inicio de la emergencia, la plantilla del cementerio y un equipo especializado del área de Parques y Jardines han trabajado arduamente para restaurar el espacio. Mientras los primeros se centran en la limpieza y restauración de tumbas, el equipo técnico evalúa el estado del arbolado y planifica la replantación para evitar futuros incidentes.
El Ayuntamiento ha aprobado una modificación presupuestaria de 120.000 euros para cubrir la responsabilidad patrimonial por los daños causados. La primera fase de los trabajos, centrada en la retirada de árboles caídos y en garantizar el acceso seguro a servicios de emergencia, ya ha concluido. Ahora, la segunda fase se enfoca en las zonas interiores del cementerio, donde las intervenciones son más técnicas y detalladas.
A pesar de los esfuerzos, aún no se ha establecido una fecha de reapertura, y las autoridades locales han pedido disculpas por las molestias causadas. Mientras tanto, los floristas esperan que la exención de tasas les ayude a mitigar las pérdidas sufridas durante el cierre prolongado del cementerio.
La situación subraya la fragilidad de las infraestructuras ante eventos climáticos extremos y la necesidad de medidas preventivas y de respuesta rápida para proteger tanto a los ciudadanos como al patrimonio cultural de la ciudad.



