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El cementerio de Epecuén: una ruina que desafía el olvido

El cementerio de Epecuén: una ruina que desafía el olvido

A las orillas del nostálgico Lago Epecuén, en Argentina, el antiguo cementerio de las Termas de Carhué se erige como un testimonio mudo de la desolación y la belleza que dejó la naturaleza tras su paso. Con tumbas semiderruidas y cúpulas desmoronadas, el paisaje se ha convertido en un lienzo blanco donde el sulfato ha dejado su huella indeleble, mientras que algunos detalles artísticos resisten el paso del tiempo y sorprenden al visitante.

La tragedia comenzó en 1985 cuando una sudestada rompió el terraplén que contenía al lago, inundando la próspera villa turística de Epecuén. En ese entonces, con 1.500 habitantes estables y miles de visitantes, el lugar era un destino termal prominente. La catástrofe no solo sumergió la villa, sino que también rodeó el cementerio de agua, precipitando una evacuación apresurada y dolorosa de los restos sepultados. Se necesitaron operativos de emergencia para trasladar más de dos mil ataúdes, concluyendo el 12 de diciembre de 1986.

La historia de los cementerios de Carhué es extensa, comenzando mucho antes de la inundación. Desde un primer camposanto cercano al antiguo fuerte militar, pasando por uno al norte del pueblo, hasta el inaugurado en 1897 y posteriormente sepultado por las aguas, el cementerio fue testigo de las diferencias sociales de su época a través de panteones familiares, nichos y sepulturas en tierra.

Hoy, cuando el lago retrocede, el cementerio emerge como un escenario fantasmagórico. Árboles petrificados y escombros de estructuras erosionadas crean un paisaje único, alimentando un debate entre los vecinos sobre el futuro del cementerio: demolerlo, preservarlo como ruina histórica o convertirlo en un paseo turístico.

Mientras tanto, un nuevo cementerio, inaugurado en 1986 en un terreno más elevado, sigue en operación, escribiendo un nuevo capítulo en esta historia marcada por el agua. El destino del antiguo cementerio de Epecuén sigue en el aire, y su legado es un recordatorio de la fragilidad de la memoria y el poder de la naturaleza.

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