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El centenario legado del cementerio de Matamá: una historia de comunidad y memoria

El centenario legado del cementerio de Matamá: una historia de comunidad y memoria

En el barrio de Matamá, en Vigo, un cementerio se erige como símbolo de historia y comunidad. Al celebrar su centenario, el Cementerio de San Pedro de Matamá se presenta no solo como un lugar de descanso eterno, sino como un testimonio vivo de la dedicación y el esfuerzo de sus fundadores. Carlos Hermida, vicepresidente de la Asociación del Cementerio, lo describe como un legado de engrandecimiento continuo, un espacio que nunca se ha estancado y que sigue mejorando gracias al compromiso de sus cuidadores.

A principios del siglo XX, Matamá enfrentaba el desafío de un espacio para sepulturas que se quedaba pequeño ante el crecimiento de su población. La comunidad, liderada por una comisión gestora compuesta por el párroco y diez vecinos, decidió crear un nuevo camposanto en A Lameira. Este proyecto fue posible gracias a las generosas donaciones de los vecinos y de los emigrantes en Argentina, quienes en 1929 aportaron una suma significativa para su construcción.

Desde su inauguración en 1926, el cementerio ha sido un pilar de la comunidad. Con panteones labrados con esmero por canteros locales, el recinto es un ejemplo de arte funerario único en la región. Entre sus estructuras, destaca el «panteón de los pobres», un gesto de solidaridad que ha perdurado en el tiempo.

En 2017, la directiva del cementerio rindió homenaje a los pioneros que hicieron posible su existencia, recordando a los descendientes de aquellos visionarios que, a pesar de las dificultades de la época, trabajaron para asegurar un lugar digno para el descanso de sus seres queridos.

El cementerio de Matamá no es solo un lugar de reposo; es también un museo al aire libre que atrae a visitantes interesados en su belleza y valor patrimonial. La comunidad local ha solicitado su reconocimiento como Vigués Distinguido, destacando su importancia como guardián de la memoria colectiva y símbolo de la identidad y cohesión social de la parroquia.

Con una ocupación actual del 25-30%, sus 3.249 nichos y 379 ceniceros son propiedad de los vecinos, reflejando el fuerte vínculo entre el cementerio y la comunidad. La asociación que lo gestiona, sostenida por las cuotas de sus socios, mantiene el lugar con un cuidado esmerado, convirtiéndolo en un espacio acogedor y lleno de paz.

Mientras el cementerio celebra sus cien años, sigue siendo un testimonio de la solidaridad y el esfuerzo colectivo de una comunidad que valora su historia y trabaja para preservarla para las futuras generaciones.

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