En la bulliciosa Berlín, donde la vida moderna se entrelaza con la historia, ha surgido una tendencia inusual que está captando la atención de locales y visitantes por igual: las cafeterías en cementerios. En una ciudad que alberga más de 200 cementerios, estos lugares se han convertido en centros comunitarios, ofreciendo un espacio tranquilo y acogedor para disfrutar de un café entre las lápidas.
La primera de estas cafeterías, Café Finovo, se estableció en el pintoresco distrito de Schöneberg en 2006. Fundada por el actor y activista Bernd Bossmann, la cafetería se encuentra en el cementerio de la antigua iglesia de San Matías, donde descansan los hermanos Grimm. Bossmann, inspirado por la pérdida de amigos durante la epidemia del sida, transformó la casita del jardinero en un lugar de encuentro para los vivos, ofreciendo café, pasteles y flores.
Desde entonces, esta idea ha florecido, con una docena de cafeterías similares abriendo sus puertas en Berlín. Cada una ofrece su propia experiencia única. El Café Friedberg, por ejemplo, se encuentra en una antigua funeraria del siglo XIX en Kreuzberg, mientras que Nonna Café & Co, con vistas al cementerio Georgen-Parochial, atrae a un público joven con catas de vino y pasteles checos.
Estas cafeterías no son meros lugares para beber café; son espacios de reflexión y comunidad. En el bistró Lisbeth, ubicado en el barrio de Mitte, los visitantes pueden participar en talleres sobre la vida, la muerte y el duelo, o disfrutar de una comida en su jardín iluminado con bombillas. Aquí, es común ver a amigos leyendo el tarot junto a dolientes que celebran la vida de un ser querido con prosecco y porchetta asada.
La tendencia de las cafeterías en cementerios no es exclusiva de Berlín. Alrededor del mundo, lugares como el cementerio de San Michele en Venecia o el Wiener Zentralfriedhof en Viena también atraen a visitantes que buscan una conexión más cercana con el pasado. Estos espacios, aunque dedicados a la memoria de los difuntos, son también un recordatorio de la vida que continúa.
En Berlín, las cafeterías en cementerios están redefiniendo cómo las comunidades interactúan con estos espacios. Lejos de ser lugares lúgubres, se han convertido en refugios de paz y reflexión, donde la línea entre la vida y la muerte se difumina, invitando a todos a disfrutar del momento presente, con una taza de café en mano.



