En el árido paisaje de Alnif-Bougafer, Marruecos, un pequeño cementerio se ha convertido en el epicentro de un acalorado debate sobre la memoria histórica y el legado colonial. La reciente inauguración de este espacio, que incluye un sector militar, reunió a autoridades marroquíes y representantes del consulado francés, despertando tanto críticas como apoyos.
La ceremonia, que tuvo lugar el 12 de febrero, coincide con la conmemoración de la Batalla de Bougafer de 1933, donde los Aït Atta, liderados por Assou Oubaslam, resistieron durante 42 días a las fuerzas francesas. Aunque para algunos la ceremonia fue un homenaje a los goumiers marroquíes, otros vieron en ella un recordatorio incómodo del pasado colonial.
La Asociación Bougafer para el Desarrollo, con más de 30 años de lucha por la rehabilitación de sitios de memoria en la región, estuvo presente en el evento. Youssef Benaamar, miembro de esta ONG, explicó que su participación fue parte de un esfuerzo continuo por preservar la memoria de aquellos que lucharon y sufrieron durante el periodo colonial. Desde 2012, la asociación ha trabajado para transformar el cementerio abandonado en un lugar de memoria digna.
En 2013, se unieron a La Koumia, una ONG dedicada a resaltar la historia de los goumiers marroquíes, para revitalizar el sitio. A pesar de los desafíos financieros, la cooperación con el Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia permitió avanzar en la restauración del cementerio.
La iniciativa, sin embargo, no está exenta de críticas. Algunos detractores en línea cuestionan la participación francesa y el significado del proyecto. Mohamed El Mesnaoui, investigador en historia, subraya la necesidad de enriquecer el relato marroquí y reconocer el sacrificio de los combatientes de Bougafer. Para él, este es un momento crucial para abordar las lagunas en la historia oficial y rendir homenaje a los héroes no reconocidos.
El cementerio de Bougafer es más que un lugar de descanso final; es un símbolo de la complejidad de la historia compartida entre Marruecos y Francia. Mientras algunos lo ven como una oportunidad para la reconciliación y la memoria, otros lo perciben como una herida abierta. En cualquier caso, el debate en torno a este espacio refleja el desafío de cómo las naciones enfrentan y narran su pasado.
La preservación de este sitio no es solo un acto de conservación histórica, sino también un paso hacia el reconocimiento y la reflexión sobre un capítulo doloroso en la historia de Marruecos. La iniciativa busca asegurar que las lecciones del pasado no se olviden, sirviendo como un recordatorio constante de la lucha por la dignidad y la independencia.




