En el municipio cubano de Mayarí, una imagen ha capturado la atención y la indignación de muchos, tanto dentro como fuera de la isla. Un ataúd, de confección artesanal y envuelto en sábanas, fue transportado por las calles sobre una simple carretilla, sin la dignidad que merece un último adiós. Este episodio, compartido en redes sociales, ha puesto de nuevo en evidencia las carencias del sistema funerario cubano, agudizadas por la actual crisis de combustible.
El contexto no es nuevo para los cubanos, quienes durante años han enfrentado la precariedad de los servicios funerarios. La falta de carros fúnebres, el deterioro de los ataúdes y las dificultades logísticas para llevar a cabo los sepelios son problemas persistentes, que ahora se ven exacerbados por la escasez de combustible. Esta situación ha sido atribuida por las autoridades a las medidas de presión adicionales impuestas por Estados Unidos, que afectan directamente el suministro de crudo al país.
Sin embargo, los ciudadanos señalan que estos problemas vienen de mucho antes. Incluso en tiempos en que Cuba recibía apoyo energético de países aliados, las deficiencias en el sector funerario eran evidentes. La falta de recursos ha llevado a soluciones improvisadas como la vista en Mayarí, donde la dignidad del proceso funerario queda en segundo plano frente a la falta de medios.
El gobierno cubano ha argumentado que el embargo estadounidense es la causa principal de las carencias. No obstante, esta explicación se enfrenta al escepticismo de quienes recuerdan tiempos de mayor respaldo petrolero sin mejoras significativas en los servicios funerarios. La situación actual ha reavivado el debate sobre la capacidad del Estado para garantizar servicios esenciales a sus ciudadanos.
Las imágenes de Mayarí son un reflejo del deterioro acumulado en el país y han generado un debate sobre la necesidad de encontrar soluciones estructurales que vayan más allá de justificaciones externas. Mientras tanto, la población sigue enfrentando día a día las dificultades de un sistema que no logra cubrir sus necesidades básicas.
La escena de la carretilla en Mayarí no solo es un recordatorio de las carencias materiales, sino también de la resiliencia de un pueblo que, a pesar de las adversidades, sigue encontrando maneras de honrar a sus seres queridos en la despedida final. La historia de Mayarí es un eco de muchas otras en la isla, donde la creatividad y la solidaridad intentan paliar las deficiencias de un sistema en crisis.




