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¿Cuánto tiempo “dura” un duelo?

¿Cuánto tiempo “dura” un duelo?

¿Cuánto tiempo “dura” un duelo? Desentrañando el viaje humano tras la pérdida

En un pequeño pueblo al sur de España, rodeado de campos de girasoles que se mecen con el viento, María observa al horizonte mientras trata de procesar la reciente pérdida de su marido. Unas mujeres del vecindario, tras darle el pésame, murmuran en voz baja sobre cuánto tiempo le llevará «superar» el duelo. En la cultura local, como en muchas otras, hay múltiples mitos y creencias sobre el tiempo que toma sanar tras una pérdida. Sin embargo, a pesar de tales opiniones, el duelo es un viaje profundamente personal y subjetivo.

Para abordar una cuestión tan delicada, es esencial separar los mitos de los hechos comprobados. Durante décadas, el duelo ha sido objeto de estudio de psicólogos y sociólogos que buscan comprender cómo los seres humanos enfrentan el dolor y la pérdida. Elizabeth Kübler-Ross, en su aclamada teoría, delineó cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Sin embargo, es crucial notar que no todas las personas atraviesan estas etapas de manera lineal, o experimentan todas ellas.

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Históricamente, algunas culturas establecieron períodos fijos para el duelo, como el «luto riguroso» en la tradición judeocristiana, que puede durar un año o más. Estas convenciones sociales son tentativas para otorgar estructura a lo que es una experiencia inherentemente caótica. Pero imponer un calendario al corazón puede ser tan eficaz como ordenar al mar que se detenga. Cada persona vive el duelo de manera única, y los factores que influyen en su duración son innumerables y variados.

La psicóloga Margaret Stroebe, tras años de investigación, propone un modelo dual del duelo, que reconoce que los dolientes oscilan entre enfrentar la realidad de la pérdida y buscar distracciones para aliviar la pena. Esta interacción dinámica significa que un día puede sentirse «bien» y al siguiente ser abrumador.

En este contexto, María, nuestra protagonista ficticia, se encuentra en un camino serpenteante de emociones. Algunos días, el aroma del café recién hecho le recuerda los que compartía con su esposo, provocándole una tristeza inconmensurable. En otros momentos, se consuela sabiendo que sus hijos, que con amor la rodean, son el legado vivo de su esposo.

Expertos en salud mental subrayan que no hay un estándar de tiempo «normal» para el duelo. Algunos individuos pueden sentir que han llegado a una cierta aceptación en meses, mientras que otros pueden necesitar años. Lo que es más vital, advierten, es la calidad del duelo. ¿La persona tiene espacio y recursos para expresar su dolor? ¿Está recibiendo el apoyo que necesita?

Además, es crucial erradicar el mito de que el duelo debe vivirse en soledad. La asistencia de grupos de apoyo, terapias individuales o familiares, y la conexión con seres queridos, puede facilitar el proceso. El duelo nunca desaparece por completo, afirman los expertos, pero la persona aprende a vivir con él, encontrando un renovado sentido del propósito y la esperanza.

Los medios y las conversaciones contemporáneas han comenzado a abordar el duelo con mayor apertura, despojando el tema de tabúes. El énfasis está en comprender que no es un problema a solucionar, sino un proceso a vivir.

Al final, el viaje del duelo es profundamente humano. Es un testimonio de amor y pérdida, dolor y cura. María, junto a miles de personas en todo el mundo, sigue su camino, recordándonos que el duelo no tiene una fecha de caducidad, sino un ritmo personal, único en cada latido del corazón humano. Mientras el mundo sigue girando, cada doliente continúa un viaje eternamente individual hacia el equilibrio emocional, abrazando tanto la fragilidad como la fortaleza inherente al ser humano.

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