En el tranquilo barrio de Lavadores, Vigo, existe un lugar especial donde las mascotas son despedidas con el mismo respeto y cariño que se brinda a los seres humanos. Belén Abalde, impulsada por la pérdida de su querida perra Trufa y con un agudo sentido para detectar oportunidades, fundó Cremandogal, el único tanatorio y crematorio para animales en la ciudad. Desde su creación, Cremandogal ha experimentado un crecimiento impresionante. En sus inicios, realizaban cerca de 700 incineraciones anuales, pero hoy, la cifra se ha disparado a 2.000, más del triple de lo que solía ser.
Este notable aumento no es un fenómeno aislado. Refleja un cambio cultural en el que las mascotas son vistas como miembros de la familia, lo que lleva a la humanización de sus despedidas. En toda la provincia de Pontevedra, donde Cremandogal y su competidor PIP Galicia operan, esta tendencia se ha consolidado. Las ceremonias de despedida ahora incluyen música, momentos de reflexión y objetos conmemorativos, imitando los ritos familiares.
Cremandogal ofrece servicios muy similares a los de un tanatorio humano: cremaciones individuales y colectivas, salas de velación, y transporte del animal desde el hogar o la clínica veterinaria. Además, los dueños pueden optar por asistir a la cremación, y recibir las cenizas acompañadas de detalles simbólicos como una huella o un mechón de pelo, junto con un certificado de cremación.
El auge de estos servicios funerarios para mascotas también se debe a la creciente presencia de animales en los hogares españoles, que ya supera al número de niños. Esta transformación en la percepción de las mascotas ha llevado a una demanda que antiguamente no existía. La normativa española regula estrictamente la gestión de restos de animales, asegurando que su eliminación cumpla con el Real Decreto 1528/2012, que adapta el reglamento europeo para estas situaciones.
Los precios de los servicios funerarios para mascotas varían según el peso del animal y el tipo de servicios seleccionados, con tarifas que oscilan entre los 100 y los 400 euros. Este rango de precios refleja las diversas opciones y personalizaciones disponibles para cada despedida.
En resumen, lo que comenzó como un servicio pionero y de nicho en Vigo se ha transformado en una práctica establecida, con miles de familias eligiendo despedir a sus mascotas de manera digna y significativa. Cremandogal, con sus 2.000 incineraciones anuales, es un símbolo de este profundo cambio en la forma en que las personas se conectan y despiden de sus fieles compañeros.




