La memoria no suele defenderse sola. Necesita voces que recuerden por qué ciertos lugares importan, incluso —o sobre todo— cuando ya no pueden hablar quienes descansan en ellos. Con ese espíritu, el Grupo de Trabajo Estable de Religiones (GTER) ha salido al paso de los actos de vandalismo registrados este mes de enero en el cementerio judío de Les Corts, en Barcelona, para condenarlos de forma rotunda y expresar su solidaridad con la Comunidad Judía de la ciudad.
En su comunicado, el GTER no se limita a denunciar unos hechos concretos. Va más allá y sitúa el ataque en un plano simbólico y social más amplio. Para la entidad, dañar un cementerio no es solo una acción material contra un espacio físico, sino una agresión directa a la dignidad de las personas, a la memoria de los difuntos y a la convivencia ciudadana. Un gesto que, subrayan, hiere valores compartidos que trascienden cualquier creencia concreta.
El grupo recuerda que los cementerios son espacios sagrados y patrimoniales, cargados de significado espiritual e histórico. Lugares donde se preserva la memoria colectiva y donde el respeto debería ser incuestionable. Atentar contra ellos, señalan, supone erosionar uno de los pilares básicos de una sociedad plural: el reconocimiento y la protección de la diversidad religiosa y cultural.
En esa línea, el GTER ha expresado su plena adhesión al mensaje trasladado por la Comunidad Judía de Barcelona tras conocerse los hechos y ha compartido públicamente su preocupación. El comunicado incluye también un llamamiento explícito a las administraciones públicas para que refuercen la protección y el cuidado del cementerio judío de Les Corts, reconociéndolo como lo que es: un espacio de memoria, respeto y significación sagrada que forma parte del patrimonio común de la ciudad.
La condena no se queda en la denuncia. El GTER reafirma su compromiso con el diálogo interreligioso y la convivencia, dos ejes que definen su labor desde su creación. En este contexto, confía en que los hechos sean investigados con diligencia, se depuren responsabilidades y se adopten las medidas necesarias para evitar que episodios similares vuelvan a repetirse.
El Grupo de Trabajo Estable de Religiones está integrado por representantes oficiales de la Iglesia católica, las comunidades islámicas y judías y las iglesias evangélicas presentes en Cataluña. Su posicionamiento conjunto busca enviar un mensaje claro: la convivencia se construye también defendiendo la memoria y protegiendo aquellos espacios que simbolizan el respeto entre creencias.




