En un rincón de los Valles Centrales de Oaxaca, un descubrimiento ha capturado la atención de arqueólogos e historiadores: una tumba zapoteca que data de aproximadamente el año 600. Este hallazgo, anunciado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), representa uno de los descubrimientos arqueológicos más significativos en México en los últimos años. La tumba, adornada con la figura de un búho, símbolo de la noche y la muerte en la cultura zapoteca, promete ofrecer una ventana sin precedentes a las prácticas funerarias y sociales de esta antigua civilización.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, ha celebrado este hallazgo como un hito arqueológico, destacando su relevancia para la comprensión de las culturas prehispánicas del país. La tumba, que se encuentra en un estado de conservación notable, está repleta de esculturas, murales e inscripciones que ofrecen un vistazo al poder y las creencias de la élite zapoteca. Elementos como un friso con inscripciones calendáricas y figuras simbólicas en las jambas de la entrada subrayan la sofisticación y el simbolismo que caracterizaban a esta cultura.
Monte Albán, el centro ceremonial zapoteca más importante, sirve de contexto para este descubrimiento. Reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1987, esta antigua capital zapoteca albergó a miles de personas en su apogeo. La tumba recién descubierta añade una nueva capa de comprensión sobre cómo vivían y morían los zapotecas, especialmente las élites que gobernaban desde Monte Albán.
Dentro de la cámara funeraria, un mural muestra una procesión de figuras ceremoniales, sugiriendo rituales de transición entre la vida y la muerte. Los colores vibrantes del mural, que van del ocre al azul, reflejan la riqueza artística y simbólica de los zapotecas. Sin embargo, la conservación de estos murales enfrenta desafíos debido a factores ambientales, lo que ha llevado al INAH a iniciar tareas de preservación inmediata.
El hallazgo no solo es valioso por su antigüedad, sino también por la información que puede proporcionar sobre la estructura social y las creencias de los zapotecas. Investigaciones en curso, que incluyen análisis de cerámica, iconografía y antropología física, buscan desentrañar los secretos de esta civilización. Estos estudios tienen el potencial de revelar detalles sobre la dieta, la salud y las causas de muerte de los individuos enterrados allí.
Este descubrimiento promete enriquecer nuestro conocimiento sobre la vida cotidiana, la organización política y la cosmovisión zapoteca durante el periodo clásico mesoamericano. El INAH subraya el compromiso con la preservación del sitio, asegurando que las excavaciones se llevan a cabo bajo estrictos protocolos para proteger este valioso patrimonio. En última instancia, esta tumba zapoteca es un puente hacia el pasado, una oportunidad para comprender mejor las raíces de las culturas que forjaron la historia de México.




