En las calles de Petrer, un joven de 26 años llamado Rubén Cano ha captado la atención de todos con su singular elección de vehículo. Conducir un coche fúnebre como transporte diario no es algo que se vea todos los días, y menos aún cuando ese coche está decorado con el irónico lema «Funeraria El Fiambre. Envío express para los tiesos». Este Mercedes Benz W124 Sedan 300 D, que Rubén adquirió tras tres años de búsqueda, ha venido a revolucionar la vida del municipio alicantino.
Rubén, apasionado de los coches desde su adolescencia, siempre quiso un vehículo peculiar, y lo encontró en Wallapop, un Mercedes fúnebre que compró a un precio accesible en Barcelona. Con 200 caballos de potencia y 3.000 centímetros cúbicos, este coche no es solo una rareza en términos de estética, sino también en su uso práctico. Rubén lo ha convertido en su turismo personal, y aunque tiene toda la documentación en regla, su tamaño de 5,1 metros le obliga a ocupar dos plazas de aparcamiento.
Desde que este coche circula por las calles, se ha convertido en una atracción. Los vecinos se detienen para fotografiarlo, algunos incluso bromean con que Rubén será quien los lleve al cementerio. Sin embargo, no todos comparten la diversión. Las quejas han surgido, especialmente cuando el vehículo se estaciona cerca de un colegio o en calles residenciales, generando cierta incomodidad en algunos habitantes.
Este peculiar coche no solo ha generado risas, sino también problemas legales. La Policía Local de Petrer estuvo a punto de multarlo por alteración del orden público y usurpación de poderes del personal funerario. Sin embargo, tras investigar el caso, las autoridades concluyeron que Rubén no estaba cometiendo ninguna infracción.
A pesar de las controversias, Rubén ve en su coche un proyecto en evolución. Planea camperizar la cabina para poder dormir en él durante sus viajes, aunque mantiene que los cambios serán mínimos porque está satisfecho con su adquisición. Este joven, que se describe a sí mismo como un manitas de la chapa y pintura, disfruta de cada momento al volante de su «joya».
La historia de Rubén no es única. En el mundo del motor, hay quienes comparten su afición por los coches fúnebres, valorando su longitud y capacidad. Al final, estos vehículos permiten cargar casi cualquier cosa, incluso un muerto, como señalan algunos de sus propietarios.
Rubén Cano, con su sentido del humor y su pasión por el motor, ha logrado que su coche fúnebre sea más que un medio de transporte, convirtiéndose en un símbolo de cómo la creatividad y la originalidad pueden transformar lo cotidiano en algo extraordinario.




