En la provincia de Guizhou, una manifestación multitudinaria en el pequeño pueblo de Shidong ha puesto de manifiesto el profundo desacuerdo entre los ciudadanos y el gobierno chino respecto a la cremación de los difuntos. Una nueva directiva que ordena la cremación ha provocado el rechazo de la comunidad, especialmente entre la etnia miao, que valora profundamente el entierro tradicional. La protesta se ha viralizado en redes sociales, reflejando una creciente tensión entre tradición y modernidad.
La festividad de Qingming, o Día de Barrido de Tumbas, es un evento anual donde la relación con los ancestros cobra vida. Los chinos honran a sus muertos quemando papeles que simbolizan objetos de lujo para el más allá. Sin embargo, la nueva política de cremación amenaza con romper estos rituales profundamente arraigados.
China ha intentado durante décadas controlar las prácticas funerarias para liberar tierras para la agricultura. La cremación fue promovida desde la época de Mao, quien la veía como una forma de modernización. No obstante, la resistencia cultural persiste, con solo un 59% de cremaciones en 2021, lejos del objetivo gubernamental del 100%.
A pesar de las campañas de persuasión y los incentivos económicos, como las ceremonias marinas subvencionadas, la población rural se aferra a sus tradiciones. En algunas ocasiones, las autoridades han tomado medidas drásticas, como la confiscación y destrucción de ataúdes, lo que ha generado críticas y resistencia. La eliminación de 400.000 tumbas en Henan en 2012 provocó una indignación nacional que obligó al gobierno a revisar sus métodos.
El deseo de un entierro tradicional es tan fuerte que en algunos casos, los ancianos han optado por el suicidio antes de que la cremación obligatoria entre en vigor. La expresión «morirse sin ataúd ni tumba» sigue siendo una maldición en China, y la lucha por preservar las costumbres funerarias tradicionales continúa siendo un desafío para el gobierno.
En un país donde la modernización y el respeto por las tradiciones chocan, la batalla por las prácticas funerarias refleja un dilema más amplio sobre identidad cultural y cambio social. Las protestas en Guizhou son un recordatorio de que, aunque el desarrollo es inevitable, el respeto por las raíces culturales sigue siendo primordial para muchos ciudadanos chinos.




