La penumbra de la madrugada en Puerto Quijarro, frontera con Brasil, se vio sacudida por un hallazgo que dejó helados a los empleados de una funeraria local. Cuando se aprestaban a trasladar el cuerpo de una mujer al cementerio, descubrieron algo que alteraría el curso de los acontecimientos: una herida de bala en su cabeza. Este descubrimiento provocó una inmediata llamada a la Policía, que no tardó en llegar al lugar para iniciar las pesquisas.
Al llegar los agentes de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), no solo confirmaron la presencia de la herida mortal, sino que procedieron a realizar el levantamiento legal del cadáver. Desde ese instante, el cuerpo de la mujer fue trasladado a la morgue para la autopsia de rigor, y tres personas —el esposo, el hijo y un trabajador— fueron detenidas para ser interrogadas.
En sus primeras declaraciones, los familiares afirmaron que la mujer había sido víctima de un ataque por parte de desconocidos que, en motos, habían disparado antes de huir. Sin embargo, las autoridades no tardaron en poner en duda esta versión, especialmente al considerar que los mismos familiares habían intentado que el caso se cerrara como una muerte natural.
El fiscal Daniel Herrera lidera ahora una investigación que apunta hacia un posible asesinato, con los familiares siendo considerados sospechosos por su comportamiento sospechoso y su intento de ocultar la verdad. Aunque las declaraciones iniciales apuntan a un ataque externo, la policía no descarta la posibilidad de que se trate de un ajuste de cuentas, dada la violencia del hecho.
Gracias a la suspicacia de los empleados de la funeraria, se evitó que esta muerte quedara en el olvido, sellada bajo un epitafio erróneo de una enfermedad natural. Ahora, el caso está en manos de la justicia, y se espera que las investigaciones arrojen luz sobre quién está detrás de este crimen y cuál fue el verdadero motivo detrás de la bala que acabó con la vida de la mujer.




