En el municipio de Ames, un rincón de Galicia se erige como un símbolo de diversidad y respeto cultural. En la calle 6 del cementerio municipal de Os Batáns, una única lápida destaca entre las demás, orientada hacia La Meca, la ciudad sagrada del islam. Es la tumba de un ciudadano sirio, inhumado conforme a los ritos musulmanes en 2019. Este espacio no confesional es uno de los pocos en Galicia que permite enterramientos musulmanes, respetando la tradición de inhumar el cuerpo en contacto directo con la tierra.
A pesar de la aprobación en 2023 de la normativa que permite enterramientos sin ataúd, como reclamaban las comunidades musulmana y judía, la comunidad islámica en Galicia sigue anhelando un cementerio propio, o makbara. Mahjoub Darebe, presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de Galicia, expresa la frustración ante la imposibilidad de obtener un terreno municipal para este propósito.
El cementerio de Os Batáns ofrece una solución temporal con sus 295 sepulturas, la mayoría aún disponibles. Sin embargo, el alto coste de repatriar cuerpos a países de origen, o inhumarlos en cementerios musulmanes de otras ciudades españolas, sigue siendo un desafío para la comunidad. Darebe relata cómo el gasto de los traslados, a veces alcanzando los 10.000 euros, es en muchos casos inaccesible para las familias, recayendo la responsabilidad en la comunidad islámica.
Hace cuatro años, Ucidgal lanzó una campaña para recaudar fondos con el objetivo de adquirir un terreno para el primer cementerio islámico de Galicia. Aunque el terreno ya está identificado, los trámites burocráticos han ralentizado el progreso, dejando en espera a más de 30.000 musulmanes que residen en la región.
Mientras tanto, el cementerio municipal de Ames permanece como un faro de inclusión, donde las diferencias culturales se respetan y las tradiciones se preservan. En un mundo donde las costumbres funerarias reflejan la diversidad de la vida, este espacio se convierte en un testimonio de convivencia pacífica y respeto mutuo.




