Hace casi medio siglo, una pieza arqueológica fue desenterrada en las ruinas del antiguo convento de San Francisco, un lugar que guarda entre sus muros vestigios de tiempos inmemoriales. Esta semana, el historiador José Luis Francisco ha revelado al mundo la verdadera identidad de esta pieza: una estela funeraria de la Edad de Bronce. En una entrevista exclusiva, nos adentramos en los secretos de esta piedra que ha permanecido oculta durante años.
La historia comienza con José Antonio Hernández Navarro, un miembro de la asociación «Amigos de Ciudad Rodrigo», quien, junto a un grupo de entusiastas de la arqueología, descubrió la estela hace casi cincuenta años. En aquellos días, Hernández Navarro, junto a compañeros como Tomás Donoso Carpio y Desiderio Torollo, recorría los parajes de la comarca de Ciudad Rodrigo en busca de restos arqueológicos, siempre bajo la guía experta del profesor Martín Valls y el Padre Belda.
La piedra en cuestión mide 56 centímetros de largo y 36 centímetros de ancho, con un diseño rectangular adornado por tres arcos concéntricos, trazados a mano alzada y separados por cuatro centímetros. Aunque la erosión del tiempo ha desvanecido algunos de sus motivos, la estela guarda un semblante que resuena con otras encontradas en regiones portuguesas como Torre de Moncorvo y Vila Flor.
Para José Luis Francisco, la aparición de estas estelas en Ciudad Rodrigo no es casualidad. Sugiere que esta región se erige como un puente cultural entre el Sistema Central y las tierras portuguesas, un nodo donde los caminos de la historia se entrelazan. Francisco sueña con que estas piezas sean reconocidas y valoradas, y hace un llamamiento al Ayuntamiento para que en el futuro edificio dedicado a Siega Verde, en el Palacio de Cartago, se disponga un espacio donde se puedan exhibir y estudiar.
Mientras profundiza en los detalles de la estela, Francisco prepara un artículo para la Revista del Centro de Estudios Mirobrigenses. Su publicación promete arrojar más luz sobre esta pieza que, hasta ahora, ha permanecido en el anonimato en la Casa Municipal de Cultura de Ciudad Rodrigo.
Esta estela funeraria no es solo un fragmento de roca; es un testigo mudo de una época y una cultura que trazaron los primeros capítulos de la historia de Ciudad Rodrigo. La pieza, ahora identificada, invita a reflexionar sobre la rica herencia de la región y el potencial de nuevos descubrimientos que esperan ser desenterrados.
Con cada nueva revelación, la historia de la estela funeraria del convento de San Francisco nos recuerda que, aunque el tiempo puede borrar detalles, no puede silenciar el eco del pasado que resuena a través de los siglos.




