Actualizado: 03/04/2020
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“El Instituto de Medicina Legal con el que algunos soñamos”

“El Instituto de Medicina Legal con el que algunos soñamos”

Vía: Autora: Mª Luisa Suárez Solá, médico forense del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Soy médico forense del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IMLCF) de Santa Cruz de Tenerife y tengo más de 60 años. Antes de superar la oposición, realicé la especialidad de Medicina Legal y Forense. Aprobé la oposición en 1988 y leí la tesis doctoral en 1996, antes de que existiera la organización actual de la Medicina Forense.

A las plazas para profesor asociado de tres horas de la Universidad de La Laguna se accede por concurso público. Y se precisa de autorización con la actividad principal. El Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Tenerife es una institución que fue apoyada en sus inicios por mucha gente de instituciones, como de la Universidad de La Laguna con su rector, el Cabildo de Tenerife o la prensa. Expreso mi gratitud a todos ellos, especialmente al decano de la Facultad de Medicina de entonces, el doctor Lucio Díaz Flores, por las horas y las noches que le dimos la lata.

Nuestra ilusión era conseguir una sala de autopsia con presión negativa, con protección especial para la ciudadanía, porque impide la propagación de enfermedades, además de disponer de saneamiento para poder recoger los residuos y no contaminar las aguas. También se apoyó la docencia y la investigación, por eso el centro está ubicado junto a la Facultad de Medicina.

Así se creó el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Santa Cruz de Tenerife y comenzó a aplicarse la legislación vigente, con su jerarquización, que implicaba que hubiera jefes de servicio y sección, que son elegidos por méritos, y los cargos de libre designación, como son los puestos de director y subdirector. Se pasó de un sistema de dependencia directa del juez, en donde las funciones de cada uno no están muy bien delimitadas, y, a veces, son de difícil interpretación, a un modelo jerarquizado.

El primer director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses fue elegido por la Dirección General del Gobierno canario y permaneció en el puesto durante unos tres años por los múltiples conflictos que se generaron.

En el mundo médico y científico, los compañeros suelen guiarse y seguir al que consideran que tiene más conocimientos y capacidad de solución de problemas. Esto puede crear un conflicto entre un director real y un director oficial, que provoca roces, envidias y recelos. Esto llevó al cese del primer director y el nombramiento de un segundo. Debido a que continuaron los conflictos, el nuevo director estuvo solo un año aproximadamente y fue cesado también. El actual director lleva más de 10 años en el cargo y cuenta con el apoyo de la mayoría del personal del Instituto de Medicina Legal. Pero tiene la enemistad de los anteriores directores del centro, que fueron cesados por la Dirección General.

Por otro lado, algunas personas tienen personalidades muy rígidas e inflexibles, que solo ven su verdad y no aceptan las de los demás, que consideran ilegalidades. Cada uno entiende lo que le interesa o cree; donde todos son muy sabios y no aceptan otra manera de pensar, presentando denuncia tras denuncia, especialmente por parte de los directores cesados.

¿Qué queremos? ¿Un Instituto abierto a la sociedad, a la docencia e investigación, abierto a la crítica productiva y a la mejora, tal y como se soñó en su origen? ¿O queremos por el contrario uno cerrado, aislado del mundo, ajeno a la sociedad y a la docencia e investigación, creando problemas a cualquier intento de mejora, estudio y modernización? O formar problemas por motivos absurdos, como la pertenencia de un móvil.

Recuerdo que, cuando empezamos, los viejos no teníamos ni teléfonos ni buscas, y nos venían a tocar en la puerta de casa la Policía, el juez o la jueza o el secretario judicial. Y no por ello se hacían las cosas peor. Espero que se acaben, de una vez por todas, las ideas obsesivas, la ceguera y las demandas absurdas entre compañeros, sin base alguna, argumentadas en un papel sin valía, que lo aguanta todo; y no en la palabra o el diálogo.

El Instituto REAL existe, está lleno de gente joven, vibrante e ilusionada; y muchos otros que quieren estar en el futuro, dispuestos a luchar por un puesto y lograr ese Instituto científico e investigador de ciencias forenses con el que algunos soñamos. Y quizás algún día la sociedad logre que los directores reales coincidan con los oficiales. / MÉDICO FORENSE

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