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Actualizado: 21/05/2022
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Escultura funeraria renacentista en España, en la Catedral de Málaga y en el Museo de Escultura de Valladolid

Escultura funeraria renacentista en España, en la Catedral de Málaga y en el Museo de Escultura de Valladolid

Uno de los escasos ejemplos de escultura funeraria renacentista en España, en su modalidad ‘a la romana’, es el bronce del mausoleo de Luis I de Torres, que se conserva en la catedral de Málaga y de forma temporal, los dos próximos meses, en el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid.

Tendido, como si se encontrara en un triclinio, el eclesiástico Luis I de Torres (1494-1553) lee plácidamente un libro, recostado sobre un cojín, como habitualmente se puede observar en la seo andaluza a quien fue arzobispo de Salerno desde 1548 y cuyos restos fueron repatriados a su Málaga natal.

Es un «raro ejemplo», una de las pocas muestras de escultura funeraria ‘a la romana’ que existen en España junto a los dedicados al Doncel en la catedral de Sigüenza (Guadalajara) y al inquisidor Antonio del Corro en una parroquial de San Vicente de la Barquera (Cantabria), ha explicado la directora del museo, María Bolaños.

Su actitud es solemne, grave, de una emoción contenida que contrasta con la rica ornamentación del mitrado, revestido de una pluvial decorada con imágenes de los apóstoles.

Se expone en el Salón Rojo del Museo Nacional de Escultura, un espacio dedicado a pequeñas y variadas muestras, de naturaleza versátil y ecléctica, que en esta ocasión es fruto de un intercambio con la Diócesis de Málaga dentro de «ese necesario código social de donaciones, de dar, recibir y devolver para el disfrute de todos».

Bolaños, directora e historiadora del arte, se ha referido así a una práctica que en su opinión debería ser más frecuente entre los museos, la de la «colaboración, reciprocidad, generosidad y gratitud», ya que favorecen «alianzas y redes sociales pero de las tangibles, de esas que permiten disfrutar obras de arte que se encuentran en otros lugares» y resultan de difícil acceso.

Es el caso, para los vallisoletanos, de este yacente ricamente labrado por Guglielmo de la Porta en 1545, cinco años antes de la muerte de Luis I de Torres, ya que en principio fue concebido para albergar los restos del médico salmantino Francisco Solís Quiñones, secretario papal de Paulo III.

Posteriormente fue reutilizado para Luis I de Torres, ya que los rasgos faciales no corresponden a nadie en concreto, sino que están idealizados, ha explicado por su parte el subdirector del museo, Manuel Arias.

Como contraprestación, el Museo Nacional de Escultura ha cedido a la Diócesis de Málaga uno de sus iconos, la Magdalena Penitente, de Pedro de Mena (1628-1688), para reforzar los fondos de la exposición dedicada a este escultor en la catedral y palacio episcopal malacitano con el lema de «Granatensis malacae».

Dos Ecce Homo, también de Mena, han viajado a tierras andaluzas para esa exposición, ha añadido María Bolaños acerca de un escultor a quien tradicionalmente se le adjudicó un papel secundario «como mero seguidor de Alonso Cano», y cuya verdadera dimensión y valía fue restaurada durante la mitad del siglo XX por el crítico de arte Ricardo de Orueta, impulsor del Museo Nacional de Escultura.

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