Actualizado: 30/11/2021
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Un equipo de arqueólogos descubren una tumba de un barco faraónico en Egipto

Un equipo de arqueólogos descubren una tumba de un barco faraónico en Egipto

Vía: Autor: A.R. Williams / national Geographic

Bajo las arenas doradas al oeste del Nilo, en el antiguo sitio sagrado de Abidos, Egipto, un equipo de arqueólogos ha hecho un descubrimiento extraordinario: toda una flota de barcos grabada en las paredes de adobe de una cámara subterránea para barcos que data de alrededor de 1840 a.C.

La cámara era parte del complejo funerario de Sesostris III, faraón de la dinastía XII, cuya tumba yace cerca del lugar. Este hallazgo singular revela nuevos detalles sobre cómo se llevaron a cabo los ritos funerarios del monarca, y también apunta a una antigua tradición mortuoria que aún se observaba en la región, y que pronto sería desplazada por prácticas funerarias drásticamente distintas.

La estructura fue identificada inicialmente en el invierno de 1901-02, cuando el arqueólogo británico Arthur Weigall expuso el techo abovedado y la parte superior de las paredes interiores, lo que le permitió ver parte de la decoración náutica. Mas la parte central del techo colapsó cuando su equipo excavó la arena que se encontraba por debajo, y eso puso fin al proyecto.

Ahora, arqueólogos de la Universidad de Pensilvania, en colaboración con el Ministerio de Estado para Antigüedades de Egipto, han expuesto las ruinas que antaño fueran un gran salón, de unos 21.5 metros de largo por 4 metros de ancho. Esta labor ha sido subsidiada en parte con una beca de la Sociedad National Geographic.

Las paredes, finamente encaladas, están decoradas con más de 120 grabados de barcos, cada cual un poco distinto de los demás. Algunos son simples perfiles de cascos curvados como medias lunas; otros son más complejos e incluyen un mástil, velas y remeros. Casi todos se encuentran agrupados, y muchos se tocan o superponen.

Al principio, el egiptólogo Josef Wegner y su equipo no tenían idea del uso que habrían dado al edificio. “Estábamos muy desconcertados –confiesa-. Esperábamos hallar una tumba”. Pero las pistas que han descubierto sugieren que fue construido para enterrar un gran barco de madera utilizado en un funeral real, siguiendo una tradición que se remonta a los primeros días del Egipto dinástico.

Como estudiante de posgrado, Wegner participó en una excavación que descubrió 14 barcos de madera –algunos de hasta 23 metros de largo- que databan de alrededor de 3000 a.C. Todos yacían en estructuras de adobe distribuidas fuera del complejo funerario de un faraón de la dinastía I.

Y ahora, Wegner observa un esquema parecido en este sitio, denominado Abidos sur. Cuando su equipo cavó una zanja de prueba para buscar la puerta del edificio con los bosquejos de barcos, detectaron una curva muy suave: la forma perfecta para acunar el casco de un barco. También hallaron algunos pedazos de madera muy descompuestos y carcomidos por insectos.

Wegner cree que se trata de restos de un barco saqueado en la antigüedad para aprovechar la madera. Ya que la embarcación estaba asociada con la realeza, es posible que fuera construida con valiosos tablones de cedro importado de Líbano; algo que valía la pena robar, sobre todo en un país donde escasean los árboles de cualquier tipo.

Habrían construido el barco en el apogeo de la dinastía XII, cuando Egipto emprendía campañas militares tanto en el Levante, al norte como en Nubia, al sur. En ese periodo de gran riqueza y poder, el faraón habría tenido dinero de sobra para cualquier cantidad de proyectos monumentales; incluyendo más de un complejo funerario potencial, cada cual requiriendo de una inversión enorme de recursos y reflejando diseños muy distintos.

Sesostris III gobernaba el país desde el norte y tenía un complejo funerario en esa región. Su capital, Ity-tauy, se alzaba cerca de El Fayum, ciudad que yace a unos 450 kilómetros al norte de Abidos. La ubicación exacta era uno de los grandes misterios de Egipto hasta hace poco, cuando Sarah Parcak, exploradora de National Geographic, identificó el sitio probable utilizando imágenes satelitales. Con apego a la tradición, el faraón hizo construir una tumba piramidal en el sitio cercano de Dashur, no lejos de las célebres pirámides de Guiza, construidas durante la dinastía IV. No obstante, parece que no lo sepultaron allí.

El faraón también había preparado una tumba, un templo mortuorio, y los edificios funerarios asociados en el ya antiguo sitio de Abidos, situado muy al sur. Abidos era el emplazamiento mítico de la tumba de Osiris, dios del más allá, y había sido un sitio de peregrinación importante durante mucho tiempo.

“Sesostris III tenía un interés personal en el culto de Osiris, quien era venerado en el templo principal de Abidos”, explica Wegner. De hecho, a la vez que el monarca construía su última morada, designó una comisión de altos funcionarios para renovar por completo el templo del dios.

La tumba real fue excavada en las entrañas del lecho rocoso de un acantilado conocido antiguamente como la Montaña de Anubis, la deidad con cabeza de chacal asociada con la momificación. El equipo de Wegner también ha excavado en ese sitio y entre otras cosas, encontró un sarcófago de piedra espléndido, el cual estaba vacío y fue movido de su posición original. Sin embargo, eso, junto con otras pistas, les lleva a pensar que Sesostris III fue sepultado en Abidos.

Es muy posible que el faraón muriera en otra parte, así que tuvieron que llevar su cuerpo hasta Abidos, y la ruta lógica sería la carretera líquida del Nilo. Wegner imagina una magnífica procesión de barcas navegando por el río, acompañando a la gran nave que transportaba los restos mortales del soberano recién fallecido.

Como parte de las ceremonias fúnebres, habrían arrastrado al menos una de esas barcas por la arena, y maniobrado para meterla en una cámara subterránea construida con ladrillos de adobe. Y luego, posiblemente, cada uno de los muchos individuos que participaron en el ritual habría dejado una obra artística personal: la imagen de un barco grabada, rápidamente, en la pared de la cámara, para conmemorar el fallecimiento del faraón.

Los preparativos que hizo Sesostris III para su muerte presagiaron grandes cambios en las costumbres funerarias. Si bien los faraones seguirían construyendo pirámides hasta 1500 a.C., aproximadamente, la idea de una tumba oculta comenzaba a cobrar impulso. Al iniciar el Imperio Nuevo, la siguiente edad de oro de Egipto, los faraones escondieron sus tumbas en el Valle de los Reyes, y la tradición de enterrar barcos funerarios se extinguió por completo.

El descubrimiento más famoso en dicho valle, la tumba de Tutankamón, incluía exquisitas miniaturas de barcos que cumplían la función de la nave de tamaño natural de Sesostris, pues se suponía que estarían mágicamente a disposición del faraón en el otro mundo. Todos esos preparativos para la vida en el más allá persistieron durante 30 dinastías y casi 3,000 años, aunque los detalles cambiaron con el paso del tiempo.

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