Actualizado: 17/11/2018
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Nuevas excavaciones permiten hallar el cementerio de monjes de Cabezón

Nuevas excavaciones permiten hallar el cementerio de monjes de Cabezón

Vía: Autor: Jota de la Fuente/ Norte Castilla

Los arqueólogos Ana Martínez García y Arturo Balado trabajan incansablemente desde hace meses en el monasterio de Palazuelos (provincia de Valladolid). Son parte del equipo técnico de asesores contratados actualmente por el Ayuntamiento de Cabezón de Pisuerga. Se encuentran inmersos en la elaboración de un plan estratégico para el monasterio de Palazuelos. Investigan sobre el monasterio, su raíz histórica y su evolución constructiva.

En la actualidad trabajan en el exterior, tras haber avanzado en su interior en los últimos años. Básicamente se hallan inmersos en la investigación histórica del templo. Anteriormente, contratados por la Junta de Castilla y León, trabajaron en las excavaciones. Ahora trabajan por la adecuación de la parte exterior y sus accesos. Dos han sido los hallazgos destacados recientemente fruto de sus trabajos. Palazuelos no alcanza a ser un yacimiento, pero sin duda es un edificio histórico con muchos secretos aún por descubrir y desvelar.

De un lado, se ha logrado sacar a la luz y ubicar el cementerio de los monjes, al que se accedía desde el interior del monasterio a través de la puerta de difuntos, hoy cegada y próxima a la actual puerta de acceso al monasterio, que entonces no existía. La puerta de difuntos solo se abría cuando fallecía un monje. Recientes excavaciones han localizado varios cuerpos de monjes enterrados junto al muro del monasterio, en su exterior, a un escaso metro de profundidad. «También hemos documentado cimentaciones y contrafuertes que nos ayudan a conocer la evolución de la construcción del edificio y las distintas fases. Ahora podemos decir que los contrafuertes son del siglo XVI, en la reforma que realizó Juan de Nates», razona Arturo Balado. Hay que tener en cuenta que el monasterio data de trescientos años antes, del siglo XIII.

Arturo Balado y Ana Martínez estiman que la comunidad fue muy numerosa. En el siglo XVI, tras la reforma, pasa a ser la casa central del Císter de la Corona de Castilla. «Aquí vivían los novicios, y por evolución natural acababan muriendo. Debe haber cientos de cadáveres. Lo que sí hemos descubierto es que algunas tumbas han sido reutilizadas, previsiblemente por falta de espacio», relata Ana Martínez. Como detalles curiosos reseñables han encontrado algún enterramiento doble de un personaje infantil enterrado junto a un adulto, uno encima de otro. «Siempre se enterraban varones relacionados con el noviciado. Debemos tener en cuenta que los novicios entraban desde los ocho años de edad, dado el tamaño de los cuerpos encontrados», comentan ambos arqueólogos.

De otra parte se ha descubierto y excavado la original puerta principal del monasterio, ubicada en el inicio de la nave central, enfrente del altar, como no podía ser de otra manera. Ya se conocía su existencia desde el siglo XIII. Los arqueólogos han logrado llegar a su base, y es mucho más grande de lo que aparentaba. Juan de Nates la tapa en el siglo XVI porque daba problemas al taponarse por riadas. «Lo importante es descubrir la puerta original, acorde a la magnitud del templo, no la puerta achaparrada que se deducía antes» indica Balado.

Es probable que se cubriera como consecuencia de inundaciones de dos arroyos que pasaban muy próximos y que se habrían desbordado varias veces, anegando la zona sin remedio, porque los monjes debían esmerarse en el cuidado y limpieza del acceso al templo. Así fue hasta que los arroyos fueron atravesados por el Canal de Castilla en el siglo XIX. Actualmente, el hueco que se ha creado justo delante de la puerta se encuentra protegido por un vallado de troncos de madera, evitando riesgos de caídas de personas.

Ocho alumnos del Plan Dual
Gracias a un Plan Dual de la Junta de Castilla y León y del Ayuntamiento de Cabezón, trabajan a diario ocho alumnos subvencionados, con dos profesores, con clases teóricas y prácticas, en una de las frías salas interiores del monasterio. La idea es acometer cuanto antes la mejora del acceso al monasterio. Para ello se va a pavimentar la plaza de acceso al mismo, empedrando la zona, tratando de conservar su aspecto original, a través del solado.

El plan estratégico en el que trabajan Arturo Balado y Ana Martínez «va a definir hacia dónde vamos a ir», señalan, «dónde van a ser las intervenciones y cuál será el plan para hacerlo visitable entre el 2016 y el 2020». Se tiene la certeza que el monasterio tenía, al menos, dos claustros, además de las dependencias monacales. Los arqueólogos intuyen su ubicación, aunque excavando o con métodos geomagnéticos, sin trabajos invasivos, podrían cerciorarse por completo. En 1835, tras la desamortización, todas esas partes del monasterio se vendieron. «Tan solo cinco años después, la sala capitular ya se había convertido en una fábrica de harinas. Se destruyó a propósito. Hay escritos y documentos históricos que describen que existían dos claustros, uno de ellos de dos alturas, de época renacentista. Hablan de la sala capitular, de la cocina de la bodega’…», describe Arturo Balado.

Cuna de los vinos Cigales
Palazuelos tuvo una importancia mayúscula en la elaboración de los vinos, y el origen de la calidad, producción y tradición de los vinos de la denominación Cigales tiene su raíz, casi seguro, en el monasterio. «En el 1835 les expropian a los monjes 300 hectáreas, que es una extensión enorme. En los documentos aparecen las cuentas bianuales con las cuentas del vino, y los importes de sus ventas. Llevaban el vino a Valladolid», nos cuenta Ana Martínez. Desde la época de Alfonso XIII podían introducir el vino en Valladolid sin pagar impuestos, muy al principio del siglo XIII. La regla de San Benito tan sólo les permitía beber una hemina diaria, que son unos 275 centímetros cúbicos. Históricamente «los monjes bebían muy poco vino. También lo usaban, más que para beber vino, como medida higiénica, mezclándolo con agua para que la desinfectara», añade como anécdota Arturo Balado.

La comunidad de Palazuelos procedía de San Martín de Valvení, del monasterio de San Andrés, convencidos por Alfonso Téllez de Meneses, que es el noble que construye y funda el convento se trasladan a la ubicación actual de Palazuelos. Ya en ese momento son cistercienses.

«En Palazuelos hay trabajo para los actuales arqueólogos investigadores y hasta para nuestros nietos. Si hubiera dinero, sería interminable. Hay que imaginar que era mucho más grande que San Bernardo, por poner un ejemplo. Palazuelos era inmenso, abarcaba una gran superficie», analiza Ana Martínez. Al ser la casa central había fuera del claustro caballerizas, lagares, piscinas para el agua, la propia huerta, dependencias, rediles, molinos, y todos los servicios para los novicios.

Barca para no pagar peaje
Curioso es que «sabemos que siempre hubo una barca en el monasterio de Palazuelos para cruzar el río Pisuerga. Seguramente existía para no pagar el peaje del puente, que era exclusivo de las monjas de las Huelgas Reales de Valladolid, cedido por concesión de María de Molina», concluye Balado. Muchas de sus posesiones estaban a la otra orilla del río, en su inicial pertenencia al monasterio de San Martín de Valvení. Precisaban cruzar los propios monjes, incluso las mercancías, las cosechas y los productos de primera necesidad. Para acceder a la capital desde esa zona solo se podía cruzar el río por Simancas o por Cabezón, y eran pasos de obligado pago.

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